El lobo hervíboro

Publicado en Perfil el 29/8/10

por Quintín

Hace unas pocas semanas lo vi por última a Fogwill en una librería. Me dio alegría encontrarlo. No tenía buen aspecto, pero nunca se me ocurrió que Fogwill podía morirse, ya que la gente tan vital parece eterna. Intercambiamos un par de ironías, habló bien del último libro de Alejandro Rubio, mal del último libro de Matilde Sánchez y se quejó de las reseñas complacientes. Cuando estaba por irse aproveché para felicitarlo por el prólogo que escribió para los Cuentos reunidos del noruego Kjell Askildsen que se publicaron hace unos meses. A modos de agradecimiento, preguntó si me había dado cuenta de que aprovechó la circunstancia para “bajar línea” recordándonos que en Noruega el servicio militar de doce meses es obligatorio para hombres y mujeres. Fogwill me consideraba algo así como un progresista y se divertía irritándome, como a tantos otros, con su amor por el militarismo y su pública oposición al matrimonio gay, al aborto, al divorcio y hasta a la cuenta de los desaparecidos.

Cinco minutos con Fogwill eran siempre un compendio del personaje Fogwill. Pero no era un personaje. Es demasiado fácil llamarlo de ese modo aunque su histrionismo oral y escrito proporcionaran la excusa para no tomarlo en serio. A Fogwill se lo consideraba un escritor importante, aunque tenía sus enemigos. La Breve historia de la literatura argentina de Martín Prieto le dedica solo una línea, despectiva y al paso: “un realismo solo moderno en sus referentes”. La respuesta podría estar en el mismo prólogo a Askildsen: “en Noruega no hay teorías sobre la literatura nacional, porque tienen literatura nacional”.  Pero el pacto, de todos modos, era que como Fogwill había hecho méritos como escritor, se había ganado el derecho a componer una suerte de bufón de perfil agresivo. Y Fogwill aceptaba esa carga: no es fácil hacerse oír cuando nadie quiere oír, sobre todo si se está solo.

Y Fogwill, a quien conocía todo el mundo, estaba solo como nadie en la esfera intelectual argentina. Tal vez fuera el único que estaba solo porque quería y porque creía —aunque nunca lo escuché decirlo— que era indecoroso y cobarde pertenecer a un grupo, maniobrar de acuerdo a intereses compartidos y practicar el intercambio de favores, es decir las reglas del juego del ambiente literario. Fogwill no intercambiaba favores pero los hacía. Especialmente a quien no les debía nada y era notablemente generoso a la hora de reconocer el talento ajeno. En esa independencia residía su grandeza: era tan apasionado como ecuánime y su obstinación por no seguir la corriente era ejemplar, inspiradora, aun cuando uno no estuviera de acuerdo con sus posiciones. De hecho, nadie podía estarlo y su estrategia era desmarcarse de todo pensamiento que no fuera el propio. Pero sería miope atribuir esa cualidad al narcisismo: Fogwill predicaba con el ejemplo que el mundo podía ser comprendido y que para eso había que empezar por no creer en verdades de consenso, que había que negarse a ser hablado por los discursos dominantes a izquierda y a derecha. En otras circunstancias personales e históricas podría haber sido un maestro o un caudillo, pero fue evolucionando en cambio hacia esa curiosa especie de lobo sociable y herbívoro que fue su figura en los últimos años.

A todos los escritores, geniales o imbéciles, les cabe la tentación de Enoch Soames, el personaje que pactó con el diablo para saber qué opinaría la posteridad de su obra. Fogwill participaba de ese deseo de reconocimiento. Ansiaba ser valorado como narrador, como ensayista, como poeta y como crítico. Pero lo justo hubiera sido que se le concediera en cambio una gracia exclusiva: la de asistir a su propio velorio para que pudiera ver cuánta gente lo quería y cómo lo habremos de extrañar.

Advertisement

6 comentarios para “El lobo hervíboro”

  1. anonimo Dice:

    Increíble que, de todos los que nombró, en su última columna de perfil, fuera la muerte la que le impidera hablar sobre los dislates editoriales. La crítica hacia la actualidad política la dio por cancelada. Tenía razón. Como en los Pichiciegos, a veces la ficción, en el fragor de los acontecimientos-como dice Kohan, en la columna de hoy en Perfil- es más verdadera que la realidad, para mostrarla. Qué lástima que ya no está, para hacerlo, otra vez, pero con la realidad actual.

  2. anonimo Dice:

    “Dando un paso atrás respecto de la pura empiria, pero al mismo tiempo cercándola y acechándola, se desvía de la simple verdad de lo existente para dar con otra clase de verdad, acaso más sustancial, acaso más decisiva. Una clase de verdad, la que únicamente la ficción descubre, que tal vez se incuba subrepticia por debajo de la otra, así como los pichiegos en sus túneles seguían por debajo la otra guerra con su guerra de comercio y de palabras.”
    “Lo que deja un escritor” Martín Kohan | 27.08.2010 |Perfil

  3. ojosabiertos Dice:

    Este tipo de texto, Q, me gustan mucho. RK

  4. martin cerrizuela Dice:

    no sabia,q cagada,q reverenda cagada,hace una bocha q queria poner en escena Los Pichiciegos,habia conseguido como conectarme con el y toda la pendorchada,no salgo de mi asombro,no señor

  5. Pablo Dice:

    A la Argentina le hizo falta un “Idiot international”. Fogwill hubiera encajado en un grupo así, aunque probablemente no bajo su bandera sino más bien como un artista invitado.

  6. Guillermo Alén Dice:

    Una desgracia, la pérdida de Fogwill. Es cierto, pocos podrían adherir a su pensamiento incorrecto, que era escandaloso para izquierda y derecha, para progres y no, pero creo que en verdad era uno de los últimos apasionados, y esa misma vehemencia hacía que uno se distanciara de él, que no quisiera seguirlo obsecuentemente y asentir con la cabeza, y eso era precisamente lo que él buscaba: que la gente pensara un poco.

    Como siempre, ya empezó el proceso necrófilo de embalsamamiento a Fogwill, me pregunto cuándo en Argentina vamos a empezar a reconocer a un escritor antes de que sea cadáver.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 145 seguidores