Locarno: memoria y balance (9)

Entre Chéjov y Benedetti

por Quintín

El sábado 7 a la mañana nos encaminamos hacia nuestra primera película del día. Como yo no miraba el fixture, no tenía idea de qué daban, solo que a las 10.45 nos pasaba a buscar la camioneta conducida por nuestro sofisticado chofer Sheldon, baterista, fotógrafo y DJ de su vehículo (hasta nos regaló un CD con la música que pasó durante nuestra estadía), así llamado porque su padre era un fanático de Shelly (Sheldon) Manne, baterista blanco del jazz de la Costa Oeste. Cuando llegamos a La Sala, me encuentro con un tipo de barba que me resultaba conocido. Me saluda y me dice algo así como “ché, no saludás”. Tarde un rato en identificarlo porque estaba con barba (no es que seamos amigos ni nada), pero era Daniel Hendler, dispuesto a presentar su opera prima como director, Norberto apenas tarde (la otra película “argentina” de la selección), que vimos a continuación después de una presentación en la que Hendler hizo reír sin decir nada a una audiencia que no lo conocía. El tipo tiene gracia.

Suelo sentirme muy incómodo con el costumbrismo rioplatense, me molesta, me chirrían los oídos, me siento preso cuando ese el ambiente de la película y una cosa como Norberto, con sus ecos de Benedetti, Woody Allen y Whisky no es el DVD que yo querría llevarme a una isla desierta. Norberto (Fernando Amaral, muy buen actor) es un oficinista que supera largamente la treintena y que está insatisfecho de su vida y de su matrimonio. Lo echan de un trabajo, consigue otro de vender departamentos en el que lo explotan, la mujer lo deja y lo único que lo consuela es meterse en un curso de teatro a cargo de un psicópata (bueno, eso me pareció, tal vez sea un tipo genial) al que llega de casualidad.

Todo pinta mal para Norberto: el aspecto, la vida sentimental, el trabajo, la relación con los amigos, el trato con unos viejos grotescos a los que la inmobiliaria está tratando de despojar con su complicidad, en fin. Tampoco es (en la ficción) un actor muy talentoso. Pero por algún capricho del guión, a Norberto lo eligen para la muestra de fin de curso para un papel importante en La gaviota de Chéjov y cuando la película termina, se lo ve dispuesto a convertirse en actor profesional, sin que se vea cómo va a lograr eso ni cómo se va a ganar la vida, aunque tiene un nuevo departamento y otro auto.

La originalidad de Norberto apenas tarde reside en que las situaciones por las que atraviesa el protagonista son humillantes y deberían conducir poco menos que a su suicidio sin que la trama sufra mayores alteraciones. Pero esa potencial tragedia se convierte en cuento de hadas: a Norberto, sin que modifique en lo más mínimo su conducta pero simplemente por hacer caso a sus deseos, le va bien: sus compañeros lo adoran, el profesor lo alienta, hasta en el trabajo lo miman. Es una historia de crisis de la mediana edad y de cambio de vida que sucede por arte de magia, sin la intervención de la voluntad, solo porque estamos en el cine. Eso le da a la película un aire sin el cual se precipitaría en lo insufrible y en el que hay lugar para unos cuantos chistes oportunos que hicieron reír a la audiencia de Locarno, al jurado y supongo que, próximamente, a la del Río de la Plata.

Me di cuenta de que Norberto tenía algo gracias a la conversación que mantuve durante el almuerzo con Lafosse, el colega del jurado que me convenció de que la película apuesta por el protagonista y eso la hace noble aunque los personajes no excedan el estatuto de caricatura (o, tal vez, precisamente por eso). Ahora, al escribir, me termino de convencer de que es así. Hay sin, embargo, un elemento imperdonable en Norberto apenas tarde.  El tipo anda toda la película detrás de un análisis de esperma, ya que se supone estéril. Al final, tras algunas complicaciones superfluas, logra hacérselo. Cuando va a buscar el resultado, el médico le dice que sus espermatozoides no están al cien por cien, pero que no es grave, que es perfectamente normal. ¿Qué necesidad había de incluir esta metáfora, Hendler? Allí es donde me aparece otra vez la nube de una tradición cinematográfica pesada y explicativa que rompe el encanto y nos despierta en medio de un programa de televisión.

Foto: Flavia de la Fuente


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5 comentarios para “Locarno: memoria y balance (9)”

  1. janfiloso Dice:

    ¡es cierto! estábamos tras la nube zen ¿ya viene?

  2. ojosabiertos Dice:

    He visto la película tres veces por razones de programación. Me gusta lo que has dicho, y es cierto que el momento del esperma es inorgánico. Es cierto también que el trabajo del actor es muy bueno, y que no es precisamente un tipo que despierte inmediatamente simpatía. Pero si bien el film es como vos decís, un cuento de hadas, hay algo siniestro que se deja ver allì en donde justamente el costumbrismo suele ser festivo y apologético del peor sentido común. El título es buenísimo, y en última instancia, la opera prima de Hendler me resulto una extraña y perspicaz comedia sobre la desolación (el mejor plano del filme, en mi opinión, es un plano general en el que el protagonista llega al teatro y queda absolutamente solo). Saludos desde Córdoba, literalmente comiendo en la mesa del cineclub Municipal. RK

  3. lalectoraprovisoria Dice:

    Ese es el famoso carácter siniestro de los cuentos de hadas… Creo que, en ese sentido, la película es consciente de su ambigüedad, de que el personaje está más para el suicido o para una madurez gris que para el florecer o para el triunfo en las tablas y ese es su telón de fondo, aliviado por los golpes de guión. Es un mérito mantener ese costado siniestro sutilmente latente. Pero lo del esperma es algo más que inorgánico: es un intento de aferrar la película al naturalismo que la haga más potable para el púbico. Los cuentos de hadas no son populares entre el público de las películas producidas por Burman, que prefiere las comedias dramáticas con fondo psicologista. Es algo más que un mal momento, es un signo de falta de confianza.

    Q

  4. Pintos Saldanha Dice:

    Es notable como Q. no puede ver las peliculas de otro modo que desde su propios odios/amores, dejando de lado olímpicamente lo que las películas son desde el punto de vista dramático.
    A Q. le importa más la relación de Hendler con Burman que las cosas que pasan en la película misma.
    Esta condición, de por sí, debil, se acrecienta con su forma de escribir senteciosa y absolutista.
    El sólo hécho de prestarle tanta atención al tema del análisis es más una metáfora de Q. y su forma de ver, que una metáfora de la película.

    Ahora algunos detalles que a Q se le escaparon por andar buscando metáforas:

    - En la película queda pefrectamente claro cómo se va a ganar la vida el protagonista.
    -Hay varias escenas en las que se ve la duda antes de salir al escenario en La Gaviota, en donde no hace un papel importante.
    - El final de la obra cuando Norberto escucha junto a sus compañeros el comentario de un actor veterano deja claro que no se va dedicar al teatro profesional, pero sí, sigue concurriendo a las clases del grupo de teatro y es recién entonces que se anima a “actuar”.

  5. lalectoraprovisoria Dice:

    Supongo que “Pintos Saldanha” es alguien relacionado con la película, pero no tiene importancia.

    Dejemos la sarasa psicologista (por qué escribo lo que escribo) no sin antes aclarar que no tengo odios ni amores con ninguno de los involucrados. La referencia a Burman fue una alusión al universo cinematográfico (en sentido amplio) en el que se desenvuelven sus películas.

    - No queda claro para nada como se va a ganar la vida el protagonista. Y no gana un peso durante todo el desarrollo del film. No basta con sembrar un detalle en el diálogo o en un plano para revertir la impresión global de que el tipo es bastante inútil, impresión reforzada durante toda la película.

    - Otra sutileza. El papel puede no ser importante en la obra, pero solo se ven las escenas de Norberto, tanto en los ensayos como en la representación. Y al final es al único al que se ve felicitar. Supongo que para los conocedores de Chéjov (quién no conoce a Chéjov) este no es un problema.

    - Puede ser que Norberto no intente una carrera de actor profesional, pero sí queda claro que el teatro es lo que lo alienta en la vida.

    Pero las observaciones, que evidentemente provienen de algún actor, productor, director, guionista o allegado a la película, sugieren que Norberto apenas tarde puede ser peor de lo que me pareció en principio, que tal vez me imaginé algo que no era.. Si la cosa va para ese lado, es decir, para una especie de comedia televisiva más o menos realista y lo del esperma, lejos de ser un momento “inorgánico” como lo llama el Tïo Koza, es consistente con todo el resto y los momentos de cuento de hadas pasan a ser lo incoherente, deslices de un guión naturalista y psicológico, si la película es en el fondo un cuentito consolatorio para hombres de mediana edad y de clase media, estamos en problemas. Pero es posible que, efectivamente, me haya equivocado y la película sea un bodrio.

    Q

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