El seminario de Rosenbaum, comidas, amigos y mucho más
por Flavia de la Fuente
Domingo 25 de julio, 18.25 hs. Definitivamente tiene razón el maestro Charly García. Si uno detesta las hormigas, hay que mudarse a la ciudad. Pese al cebo del azúcar, acá no viene ni la hormiguita viajera. Yo pensé que iba a tentar, al menos, a una turista, pero no pasó nada. Y con el veneno tampoco, a no ser que empiece a actuar lentamente, por acumulación, como en Tuyo es mi corazón. Quizás por eso estoy tan cansada. Pero no se inquieten, mañana nos vamos. Así que tampoco moriremos envenenados.
El tiempo pasa vertiginosamente en Córdoba. Ayer no tuve un minuto libre y no pude escribir. El resultado fatal es que se me superpusieron demasiados acontecimientos y emociones. Veré qué puedo hacer con todo lo que ocurrió en dos días, que fue mucho.
La experiencia cordobesa resultó impresionante. Fue como una celebración del pensamiento, una gran fiesta de cinco días. Al principio pensaba que el tío Koza estaba chiflado, que un seminario de cuatro horas por día más una mesa redonda de dos, más entrevistas y presentaciones de películas era demasiado. Pero no fue así. Parece que Roger la tiene clara. Pese al cansancio, el trabajo intensivo resultó vivificante. Eso sí, hasta acá llegué, mañana no podría seguir en esta agenda. Este es mi último aliento.
Lo cierto es que cada día me fui volviendo más traga. Llegué a la clase de Rosenbaum con mi cuaderno y tomé nota de todo lo que habló durante las dos primeras horas. Ahora no quiero leer mis apuntes porque sé que no voy a poder reproducir todo y me voy a bloquear. De hecho, estoy dando vueltas en mi pieza desde hace un buen rato y no escribo nada. Publico notas de Q en La lectora, edito fotos, me tomo un té, hago cualquier cosa menos escribir porque este texto me abruma. Más sabiendo que Jonathan está en la pieza de al lado. Y que lee el blog. Y que lo llama “el blog de Flavia”. Creo que es la única persona en el mundo que no dice “el blog de Quintín”. En fin, amigos, que me da mucha timidez equivocarme. Mucha mucha. Me arden las mejillas de los nervios. Y no puedo arrancar. Pero si quiero ser justa con lo que aprendí en estos días, debo escribir sin temer equivocarme, darle para adelante. Intentar pensar con libertad y honestidad. Así que voy a ir al grano. O al menos dejaré algunos apuntes dispersos que, en realidad, vendría a ser exactamente lo contrario, pero quizás ayuden a llegar a algo.
Ayer, después de la mesa redonda, fuimos con Jonathan al videoclub. En el taxi hablamos un rato. Yo le conté que su charla me había ayudado mucho. Que yo había dejado de escribir crítica de cine porque sentía que no podía escribir una reseña normal de una película, como lo hacían todos los demás críticos de los diarios o de El Amante, que ni siquiera podía estar segura de si una película era mala o buena, que con el transcurrir del tiempo, lo único que me atrevía a afirmar sobre una película en términos de valor era si a mí me había gustado o no. Le conté que, por ejemplo, en 1993 había escrito tres reseñas de La edad de la inocencia: las dos primeras negativas y la última positiva. Y, para colmo, la terminé eligiendo entre las diez películas del año. Jonathan se rió y me contó que hace poco él le puso una estrella a una película, después dos, luego tres y así siguiendo. Y que eso no le genera ningún problema. Si uno se equivoca, se corrige y listo. Que, justamente, eso es lo interesante. Pensar con uno mismo, pensar leyendo a otros, pensar escuchando a otros, pero siempre siendo honesto intelectualmente.
En el seminario, contó que lo mejor que le había pasado en su vida fue que lo contrataran en el Chicago Reader donde pudo trabajar durante veinte años, escribir sobre lo que quería y con la extensión que deseaba. Que exigió usar el “yo”, mucho “yo”, porque él no podía hacerlo de otra manera, que esa era la única forma posible de pensar en serio.
Si tuviera que definir cuál es la lección más importante de Rosenbaum diría que es la búsqueda de la libertad individual, del placer, de la belleza, en definitiva, de la felicidad en este mundo horrible.
Otras de sus obsesiones son el provincianismo de su país y las posibilidades de la Internet para democratizar el conocimiento, en este caso, sobre el cine. También cree que se debe pensar desde uno mismo tanto las películas como las críticas sobre el film con la mayor subjetividad posible, siendo consciente de esa inevitable subjetividad y poniéndola siempre en evidencia, para que la crítica sea lo más objetiva posible para el lector.
Dijo cosas muchas cosas que me resultaron inspiradoras. Por ejemplo contó cómo Tati lo ayudó a poder sobrevivir en las ciudades mostrándole que se podía encontrar humor y belleza.
No ir al cine para escaparse del mundo sino para conocerlo.
Citó hoy también su verso favorito de Yeats:
En los sueños comienza la responsabilidad.
Y también una frase de Godard que repite sin cesar: “Quiero ser un avión y no un aeropuerto”. Lo que quiere decir, explicó Rosenbaum, es que las películas deben ser un viaje y no una conclusión. Que hoy todo el cine que se estrena en Estados Unidos es un aeropuerto. Uno entra al cine y sale igual que como entró. Al espectador no le pasa nada. Al rato de salir de la sala, ya se olvidó de la película y espera el estreno de la semana próxima. Más Rosenbaum:
Un gran film es aquel en el cual cada plano es un evento.
No hay que confundir la explicación de por qué nos gusta una película con por qué nos gusta el helado de chocolate o de vainilla. Esto último no tiene ningún interés. Lo primero, en cambio, es fascinante.
El puritanismo en EE.UU. insta a ganar dinero solo por ganar más dinero. El placer queda afuera de la vida. Y si uno tuvo éxito y ganó dinero, no debe pensar en disfrutarlo, debe seguir ganando o gastando dinero para hacer este mundo aun más feo.
Y una cita de Manny Farber:
No tiene sentido evaluar una película. Ni siquiera saber si a uno le gustó o no.
Hoy en la conferencia ocurrió algo divertido. Jonathan mostró una corto de 22 minutos que le encanta, de un indio llamado Amit Dutta. Jonathan dijo que no importaban los subtítulos, que no se hicieran problema aquellos que no entendían inglés. Yo, que estaba muy atrás, no podía ver los subtítulos, pero no me hice problema porque confié en Rosenbaum. Y me dediqué a mirar las imágenes y a escuchar el sonido. No me gustó mucho, pero tampoco pensé nada en particular.
Cuando se retomó la clase, Quintín pidió la palabra y le dijo que a él no le había gustado nada, es más, que la había detestado, que era literatura filmada, que cada plano ilustraba el texto, que había realismo mágico, folclore, que era una porquería. Habló un rato, y fue muy vehemente, como suele ser Quintín. Jonathan se mantuvo firme en que a él sí le gustaba y contraargumentaba. Y a la argumentación de Jonathan seguía una de Q. Fue muy divertido ver a los dos críticos pensando en voz alta. Al final, cuando estaban hablando de la educación de los niños, Q le pidió, por última vez, que le explicara al niño Quintín por qué le debía gustar la película. Y Rosenbaum le dijo: “Te voy a hacer una comparación con un plano de Citizane Kane, que sé que es una película que te gusta.” El plano al que se refirió utilizaba el mismo concepto que lo que Quintín rechazaba de esa película. “Y en El ciudadano no te molesta, te gusta”, concluyó Rosenbaum. Mas el niño rebelde le contestó que ese argumento no servía ya que El ciudadano le gustaba, pero no todos sus planos.
Bueno, no tengo más tiempo para contar sobre Jonathan. Los que lo quieran leer ya pueden encontrarlo en su blog.
En el seminario había unas sesenta y cinco personas de distintas edades y profesiones. Al parecer, los que no aparecen nunca por ahí son los estudiantes de cine.
Antes de salir del cineclub tengo que contar una experiencia emotiva. Estaba hablando Quintín de los cineclubistas itinerantes y se le ocurrió compararlos con los viajantes de comercio, como mi abuelo Simón. Q dijo: “Me conmueve esta actividad itinerante, como la del abuelo de Flavia, que iba de pueblo en pueblo llevando una mercadería noble.” Yo estaba muy arriba en el cine y le dije que su marca se llamaba “Flavia Tricot”, pero no me escuchó, la sala es muy grande. La irrupción de mi abuelo en el escenario de un cine en Córdoba, me hizo llorar. Y eso que me abuelo murió en 1972, cuando yo tenía 12 años. Y que es un recuerdo que prescribió, porque yo siento que ya no me acuerdo de mi abuelo, que me acuerdo de los recuerdos de mi abuelo, de los mismos que vengo repitiendo desde hace casi cuarenta años. Y que esos recuerdos cada vez son menos, que se parecen cada vez más a una estampita. Que lo único cierto que recuerdo es el amor que yo sentía por él y el que él sentía por mí. Que todo lo otro, no sé, ya es casi como hablar de una estampita. Pero, de pronto, Q lo había sacado de la prescripción. Mi abuelo había revivido en el escenario de un cine, en una mesa redonda sobre crítica de cine. Un momento para recordar. Y a mi abuelo le hubiese encantado verlo. Y yo le agradezco a Q que lo subiera a la escena.
Hoy estaba en el baño de damas del cineclub, que es un lugar muy peculiar, y se me acercó una señora y me dijo que de tanto hablar sobre la crítica sentía que se estaba dejando de lado el cine. Eso sucedió en el intervalo del seminario de Jonathan. Me dijo que había leído LLP y que, si no me molestaba, me quería dar un libro suyo. La señora resultó ser Mirtha Lucía Makianich y el libro que me regaló se llama Saerianas y está dedicado “a Juan José Saer / porque hubo razones”.
Leí frases sueltas antes de sentarme a escribir y me encontré con esta:
“¿lo que desaparece se contiene aún en lo que queda?”
Y hoy me pensé que sí, que mi abuelo había irrumpido misteriosamente en una mesa redonda en la ciudad de Córdoba.
La gente que asiste al cineclub parece muy especial. Todos escriben, sacan fotos, o quieren hacer cine, o son cineclubistas.
Uno de los cinéfilos, Fernando Pujato, me regaló una copia de Opera Java, una película que me perdí en el Bafici. El sabía que yo la quería ver y hoy me la trajo. Fernando es uno de los programadores del cineclub Cinéfilo y, además, tiene un blog de crítica que se llama La noche del cazador (http://nochedelcazador.wordpress.com/). Y es un tipo divino que no se perdió ninguna de las actividades de la semana de la crítica.
Las muestras de afecto en estos días fueron enormes. Compartí muchos momentos con la irresponsable Luciana, la mujer del tío Koza.
Ni qué decirles de lo que me pasó en el videoclub 7mo. Arte de Alejandro Cozza. Yo, muy campante, me puse a elegir películas. Como soy compulsiva y había muchísimas películas, empecé a llevarme todos los Ford que no tenía, Hawks, Bogdanovich, Ozu, Naruse, Rohmer, Lang, Renoir, Resnais, Rivette, Jonas Mekas, no sé, todo lo que veía que no tenía. Alejandro me dijo que al día siguiente me las llevaría al cineclub. Yo estaba un poco preocupada por la cuenta porque me había excedido en mi compra. La cuestión es que me lo encuentro a Alejandro con dos bolsas que contenían 60 películas y me dijo que no me cobraba nada. Casi me desmayo de la emoción y de la culpa. Pero quedamos en que era un intercambio. Así que lo invité a casa, a San Clemente, a que venga a copiar todos mis musicales y las rarezas que Q y yo tenemos y él no tiene. Otra historia para recordar.
También hablamos ayer con Daniel Salzano, el director del cineclub. Fue muy interesante la charla. Nos contó Salzano que él no estuvo en el país durante 20 años, que se fue en 1977 a Madrid. Pasó el tiempo y sintió que debía volver al pago. Llegó a Córdoba y se encontró con que todos sus lugares de referencia habían desaparecido. No quedaba un solo café en pie de los de su época, todo había cambiado. Decidió entonces construir un lugar que permaneciera en la memoria de los cordobeses y gracias a la ayuda de un intendente, pudo reconstruir el cineclub haciendo una buena sala, poniendo calefacción y todo lo necesario para que ir al cine o a una conferencia fuera una experiencia placentera y no una tortura.
Lunes 26 de julio, 9.10 hs. Me contaron Guillermo Franco y Julieta que Daniel Salzano es el responsable de la decoración tan especial del cineclub. Y que la vive cambiando, agregando posters, quitando otros, cambiando el color de las paredes.
Julieta me llevó a la biblioteca, que más bien me pareció una DVDteca.
Una curiosidad son los baños del cineclub municipal, pintados por el artista Jorge Cuello.
Estas fotos son del baño de caballeros, adonde gentilmente me acompañó Guillermo, mi amigo el fotógrafo.
Cuando estaba por terminar de escribir estos apuntes cordobeses, Q me sacó de nuestro departamento del Hotel Concord para llevarme al cineclub Cinéfilo que queda a unas cuadras más arriba del Bv. San Juan, exactamente en el número 1020, en la pollería La Rueda. Sí, el cineblub es también un delivery de pollos al spiedo y también los pollos se pueden comer viendo la película. Cineclub con olor a pollos a la leña y música de David Byrne.
Ayer tomamos un café con sus dueños, Rosendo Ruiz e Inés Moyano, que son pareja y él es director de cine y ella productora. Fue un breve encuentro porque teníamos que ir a cenar al cineclub mainstream. Pero nos pudieron contar algo. Dan películas de martes a sábado y tienen un núcleo duro de seguidores. “Son pocos, pero buenos”, dijo Rosendo. Inés, en cambio, dice que muchas veces eso la desmoraliza, pero que a Rosendo la cantidad de público lo tiene sin cuidado.
Varios programadores se encargan de la curación de Cinéfilo. Matías Ludueña, que trabaja también en el DVDclub 7mo Arte, pasa todos los jueves cine bizarro. Por ejemplo, los sábados de junio, programaron un clclo de Leonardo Favio.
Y no puedo dejar de agradecerle a Alejandro Cozza el tesoro que me regaló. Tengo acá dos bolsas pesadas con más de sesenta DVDs, con joyas del cine clásico y contemporáneo. No se me pasa la emoción. La idea de que alguien me haya regalado todas esas películas me conmueve profundamente. Espero que Q no me las pierda. Yo las voy a ordenar y solo las podrá tocar si yo se las presto. Porque el maldito Q me pierde todo y en casa hay miles de DVDs perdidos en infinitas pilas o bolsos desordenados. En cambio, yo ahora tengo unos ordenadores que me regaló mi amiga Gabi, que son como álbumes de foto, con folios. Así las voy a ordenar y si Q quiere le prestaré alguna, pero me la va a tener que devolver, para que la película vuelva a su lugar y yo la pueda encontrar.
Me olvidé de contar que volví al DVDclub con Rosenbaum y Lerer. Y que Rosenbaum me hizo llevar Pistol Opera de Suzuki. Y que gracias a eso, Cecilia Barrionuevo prometió copiarme ¡toda la obra de Suzuki! Una genia total. Nos contó Cecila, amiga íntima de Alderete, que ahora ella es también programadora de Mar del Plata. Y estaba muy contenta. Veremos qué pueden hacer este par de cinéfilos por la programación del festival. Confiamos en ellos.
Volviendo a Cinéfilo, como se nos hacía tarde, Rosendo nos trajo en auto hasta el Apart Hotel Concord, para que buscáramos a Rosenbaum. Pero como no llegamos a la hora señalada, Jonathan ya había partido con Lerer hacia el cineclub. En el apuro, Q se tragó una rama y volvió al auto con la frente sangrando y dos heridas. Parecía un chico que se había peleado en el colegio o se había caído del tobogán. Pero ya estoy acostumbrada, Q se vive cortando o golpeando la cabeza. Cuando llegamos al cineclub, le pasé un Carilina con alcohol y esperé cuánto tiempo iba a tardar en decirme que ojalá no tuviera tétanos. Tardó bastante, solo me lo dijo antes de apagar la luz. Y yo soñé con que estaba en el medio de una avenida en París, y que no podía cruzar la calle porque todo el tiempo me estaba por pisar un auto dado que yo desconocía las reglas de tránsito y a continuación (no sé cómo logré cruzar la ancha avenida), la mamá de un amigo, Luisa Sorin, me decía infinitos sinónimos de la palabra muerte en francés. Muy raro y feo fue mi último despertar en Córdoba, con esos sueños mortuorios afrancesados. Ahora que me acuerdo, lo de la calle es porque todos los días sufríamos para cruzar la avenida donde está el Paseo Olmos. Ni Q ni Jonathan ni yo entendíamos cómo atravesar esa esquina sin perder la vida en el intento. Pero hasta ayer lo logramos.
Pero de nuevo me perdí en el camino. Llegamos al cineclub con Q sangrando y estaban todos listos para la cena. Roxi se lució una vez más. Anoche nos agasajó con unos penne rigate a la boscaiola y se comprometió a pasarnos la receta. Eran deliciosos. Creo que tenían cerdo, hongos, y no sé qué más. Pero me comí el plato entero. Después nos enteramos de que no eran fideos italianos porque no pudo ir a Jumbo, que es el único sitio donde se consiguen, pero estaban muy bien. Cuando Roxi nos contó que eran fideos nacionales, le preguntamos desesperados de qué marca se trataba. Nos dijo que eran Terrabussi amarillos, no azules que son horribles. Pero comentó desolada que, para ella, no había comparación con los italianos. Sin embargo, a mí me parecieron buenos aunque Q coincide con Roxi, que no tienen nada que ver. Habrá que volverlos a probar.
Q cerró la semana de la crítica con la presentación de The Big Sleep. Estaba emocionado. Después llegó el brindis final organizado por Anita Golsman. Brindamos por la semana de la crítica y por los 10 años del cineclub. Hasta ese momento, yo creía que Anita era una alumna de Roger muy amable, que velaba por nuestro bienestar. Y cuando nos despedimos, Roger y Julieta nos contaron que ella trabajaba ad honorem y con una devoción asombrosa para la Asociación de amigos del cineclub. Además, Anita es una cinéfila dura. En un momento le dijo a Q: “En The Big Sleep hay 9 mujeres que intercambian alguna línea con Bogart”. Q hizo la cuenta y le dijo que le parecía que tenía razón, pero se quedó recordando los bellos rostros que tanto alabó durante esta semana. Anita le dijo que si se le ocurría que había alguna más, se lo iba a hacer saber.
También charlamos con otro cinéfilo que nos contó de los míticos viernes, que empiezan a las 15.30 y terminan a la medianoche. Son los viernes del Tío Koza, con su curso de 65 alumnos. La cosa empieza en el café de enfrente del cineclub y luego a las 16.30 empieza el curso que dura cuatro horas.
Estábamos todos muy cansados pero nadie se quería levantar de la mesa. Algunos estaban medio borrachos, otros solo borrachos de cansancio. A eso de la 1.15 empezamos la retirada.
Hoy nos espera una última visita al cineclub para despedirnos de Roxi y su marido. Nos espera a las 18.30 para tomar un vermú con bruschettas. Allí estaremos.
Bueno, esto fue todo amigos. Hasta la próxima aventura.



































julio 26, 2010 a las 1:34 pm
Para mi tambien es el blog de Flavia.
Me encanta leerte, lo disfruto mucho.
julio 26, 2010 a las 2:09 pm
Han pasado unos días fenomenales. Amigos, cine, comida … se los envidia. Fue un placer seguir las actividades a través del Blog.
julio 26, 2010 a las 3:17 pm
suscribo.
julio 26, 2010 a las 3:36 pm
¿Ese Daniel Salzano no es el poeta que musicalizó Fito Páez o Fandermole? No me acuerdo, pero creo que sí.
Pd: No existe nada más snob que poner pinturas en los baños. Falta que pongan unas mesitas, música funcional y un mozo que sirva martinis mientras la gente hace lo que se suele hacer en los baños.
julio 26, 2010 a las 4:15 pm
“Y de la etimología de la palabra snob, que es lo que aquí interesa, se sabe que tuvo su origen en una vieja costumbre existente en Inglaterra: cuando se empadronaba a los ciudadanos en un municipio, se relacionaban a continuación del nombre de los nobles sus títulos y dignidades. A los individuos de clase media se les ponía la abreviatura s.nob, que quería decir sine nobilitate, o sea, «sin nobleza».”
http://www.snobismo.es/2009/02/hello-world/
…me gustan los baños decorados, es una distracción para las prosaicas actividades que suelen desarrollarse en los baños…
julio 26, 2010 a las 4:22 pm
Exactamente, Misíguene. El mismo que viste y calza y en realidad el que escribió Salzanitos (“mis hijos serán trompetistas o no serán nada”), una oda a Bix y tantos otros que cantó Baglietto. Pero además un crítico de la gran siete que escribió delicias durante años en La Voz del Interior, algunas de las cuales debo tener atesoradas entre viejos papeles. Una nota biográfica que recuerdo se titulaba “Peter O’Toole, pedazo de bebé”. Personalmente, considero esas notas tan imperdibles como las de Tiempo Argentino con Tarruella y Faretta, aunque no fueran del mismo estilo.
Saludos. Gran nota, Flavia!. Sí, también para guardar.
julio 26, 2010 a las 4:44 pm
Mishí, Fito y Fander son, en general, musicalizadores de sus propios temas. Si es el Salzano que escribe letras de canciones es el que le escribió muchos temas a Jairo.
julio 26, 2010 a las 5:00 pm
Baglietto hace una canción que se llama Salzanitos y que empieza: “Mis hijos serán trompetistas o no serán nada”. El autor es Salzano. ¿Será el mismo?
julio 26, 2010 a las 9:02 pm
Salzano es el autor de esa canción, así como algunas de las de Jairo y Fandermole pero creo que con Paez nunca colaboró.
Gracias Q y F por venir. Los extrañaremos.
julio 26, 2010 a las 10:32 pm
Flavia, una vez más debo felicitarte por la crónica que has escrito. Me ha resultado muy estimulante que nombraras en ella a gente que conozco personalmente y por la que siento gran respeto y cariño: entre otros, a Fernando Pujato (el de la muletilla “es lo más”, que nombré en un comentario anterior, que aparte de ser un gran tipo es un crítico con un vuelo intelectual impresionante), y a Rosendo e Inés, responsables del Cineclub Cinéfilo, donde yo mismo tuve la fortuna, gracias a la generosidad y el apoyo de ambos, de actuar como programador entre 2007 y 2009, a lo largo de tres temporadas, dando a conocer la propuesta de Videoteca del Mirador, cineclub itinerante del cual soy responsable de catálogo. Y de Roger y Alejandro, Koza y Cozza respectivamente, sólo puedo agregar a lo que ya señalé sobre ellos en aquel comentario anterior, que constituyen una referencia insoslayable para quienes, en Córdoba y alrededores, tienen la sana intención de saber por dónde pasa lo más relevante y significativo del cine actual y también el del pasado. Algo sobre Salzano: algunos poemas de su autoría aparecen dichos por el actor Omar Rezk en el disco “Córdoba va”, del grupo Posdata, editado en 1984 por el entonces sello RCA. Posdata estaba integrado por Horacio Sosa y Pancho Alvarellos. El nombre del disco era también el de su canción principal, inédita hasta ese momento, compuesta por un cantautor cordobés llamado Francisco Heredia. Desde la salida del disco y por espacio de casi una década, la canción “Córdoba va”, de la mano de Posdata, se transformó en una especie de himno cordobés contemporáneo. Tiempo después de que esto ocurriera, surgieron otras versiones, menos celebradas y recordadas que la original (entre ellas, la de Los 4 de Córdoba y la de Jairo). Si les interesa conocer un capítulo importante de la historia cultural de Córdoba de los años ’80, les recomiendo un artículo sobre la gestación del disco “Córdoba va” elaborado por la revista La Central, cuyo enlace es este: http://www.revistalacentral.com.ar/pdfs/13/6-9-posdata.pdf. Saludos. Cl.-
julio 26, 2010 a las 10:46 pm
F : Extraordinario. Quiero vivir en el mundo donde vivís vos y Q. Disfruten Suzuki, es un genio. Y antes de que se te sigan acumulando los DVD ¿ pudieron ver ¨Make Way for Tomorrow¨de Leo Mccarey , que les grabaron en Madrid ?
julio 27, 2010 a las 12:33 am
Muy buen gusto la decoración: Marlene Dietrich, Jean Moreau, Rita Hayworth…Keaton, Truffaut, Von Sternberg, Joseph Lewis y Welles los directores.
Porque no existe este tipo de espacios en Buenos Aires??
julio 27, 2010 a las 12:59 am
flavia, muy buena la cronica, se ve que la pasaron barbaro. que envidia 60 pelis para ver, y gratis. un sueño. asi que no habia estudiantes de cine?? no me extraña, cuando hace unos años empece a cursar cine en la plata (que poco dure)lo que me llamo la atencion es que todos tenian grandes ideas para filmar superproducciones (tuve que escuchar en mi propia casa frases como: “que buena terraza para filmar una escena de accion”?), pero no habian visto ni el padrino, y lo mas triste es que no tenian curiosidad de verla, ni de conocer a godard, o a lynch. querian llegar nomas, “triunfar”. de que les serviria una semana de la critica entonces? será la futbolizacion del cine? saludos
julio 27, 2010 a las 2:26 am
Wonderful stuff ! It really is “Flavia’s blog” to me too !!!
julio 27, 2010 a las 1:39 pm
Nunca entendí por qué habías dejado de escribir tus notas en El Amante. Sabés que tenés tu grupo de fans, y los fans perdonan todo.
Me gusta leerte así, feliz y contenta.
julio 27, 2010 a las 2:09 pm
hey adrian, come to cordoba the next time!
julio 27, 2010 a las 3:14 pm
A mi me hizo ruidito la frase de los estudiantes de cine.
Si me incluyo entre esa especie quiere decir que soy un autómata adorador de los Coen, que piensa que Lynch es una cantante, que no lee ni leyó ni leerá a Bazin o a montoto, que no le gusta el cine y que solo persigue el poder hacer una superproducción financiada por Disney.
Que buena caracterización que hacen de mí (o de tantos otros que conozco).
Tampoco debería estar leyendo este blog si aquella descrpción fuera acertada aunque sea en algo.
julio 27, 2010 a las 3:22 pm
Pregunto al Sr Q y la Sra F, con quién dejan a la perrita? queda en una casa vecina?
julio 27, 2010 a las 11:34 pm
Todas las crónicas de Flavia son hermosas, pero ésta en particular me transportó. Todo el tiempo le estuve sonriendo al monitor…
En los sueños comienza la responsabilidad, qué perfecto.
Ah, yo también quiero saber quién cuida a Solita durante los viajes.
julio 28, 2010 a las 1:37 pm
A propósito de “ganar dinero sólo por ganar dinero”. Sólo se trata de eso: de ganar dinero. No se gana dinero sin tranzar un ápice de dignidad. Todo lo que se hace por dinero es una “cosa” indigna; e indignos (mal que pese) somos. Y si se habla de arte como producto comercial, bueno, obviando cuestiones más pesadas (la comida, por ejemplo) es como caer muy bajo. La guita mueve el mundo y el mundo se topa contra un muro. Salute!!!!
julio 28, 2010 a las 2:02 pm
A Q le agradezco haberme presentado a Manny Farber en su seminario. Parece que la han pasado bien, me alegro entonces. Saludos!
agosto 3, 2010 a las 7:30 pm
Flavia! Aquí va la prometida receta de aquella noche: Penne alla boscaiola para dos: Poner dos litros de agua salada a hervir para 250 gramos de pasta. Saltear en aceite de oliva en una sartén suficientemente grande para que luego quepa la pasta, una cebolla chica picada, la carne de dos chorizos, una taza de hongos frescos y o secos rehidratados, saltear unos minutos, agregar vino blanco, cocinar 3 minutos más, agregar dos cucharadas grandes de crema de leche una taza de arvejas congeladas mezclar y retirar. Una vez cocida y colada la pasta pasarla a la sartén con medio cucharón del agua de cocción. Saltear sobre fuego fuerte unos segundos hasta que se integre y servir con queso rallado y molino de pimienta negra al lado. Bacione e buon appetito!!!