por Flavia de la Fuente
Lunes 28 de junio, 13.50 hs. ¿Por qué la vida es tan complicada? ¿Por qué la gente no siente alegría y orgullo por hacer bien su trabajo? Si cuesta lo mismo trabajar bien que trabajar mal. Y uno se siente mucho mejor si trabaja bien. ¡Y qué lindo que es dar un buen servicio y alegrar a los clientes! No hay nada más tedioso que ir al laburo y sentir que uno no sirve para nada. Pues ya que hay que laburar, lo más sano, siendo egoísta, es hacer las cosas lo mejor posible. Uno se siente bien, útil, eficiente. Que las horas de trabajo no son horas perdidas, que sirven para algo, que uno no se arrastra por la vida. Al menos esa es mi experiencia como trabajadora. Cuando no me dejan hacer las cosas lo mejor posible me deprimo. Y si la cosa viene de laburar en piloto automático, me internan en un psiquiátrico. Nunca pude, me enferma.
Pero hoy yo estoy del otro lado, hoy yo no puedo hacer nada por nadie, hoy me tienen que atender a mí. Hoy soy una clienta de Falabella que está sufriendo porque sigue pasando el tiempo y nunca llega el lavavajilla de reemplazo. Y el tiempo pasa inexorablemente y sigo con el cerebro ocupado en un maldito lavavajilla y en el seguimiento de una maldita empresa. La verdad es que estoy harta. Y muy desanimada. Ya van 14 días corridos desde que hice el primer reclamo, me estoy cansando, ya ni quiero llamar por teléfono (porque yo odio hablar por teléfono). Si llamo por teléfono, lo hago sólo cuando no me queda otra. Y por culpa de Falabella / Alpar S. A. / Técnica Der tuve que pasar, contra mis hábitos, muchas horas con el tubo en la mano. Es cierto que algo logré, pero falta mucho todavía. Y ya estoy cansada, triste, aburrida de la gente de Falabella y sus interminables trámites.
Como les había contado, el jueves pasado vino el técnico y certificó que no andaba el aparato. Valeria Ruiz me aseguró que al día siguiente iba a tratar de arreglar lo del transporte y me llamaría para contarme las novedades.
Pasó el viernes y nadie me llamó de Falabella. No quise ser pesada y me abstuve de molestar, pensé que se venía el fin de semana, que quizás estaban cansados, que el lunes, con renovados bríos, me iban a llamar.
Me desperté el lunes, chequeé el e-mail temprano y no había noticias. Ya estaba deprimida pero igual le escribí un e-mail a Valeria Ruiz que decía:
Buenos días, Valeria!
Espero que haya pasado un buen fin de semana.
Como no tuve noticias suyas el viernes pasado (tal como habíamos quedado), quería saber si había podido arreglar algo con la gente de transporte por el tema del cambio de mi lavavajilla Candy que no anda.
Espero sus noticias.Saludos cordiales,
Flavia de la Fuente
Contesté un par de e-mails más y seguí haciendo trámites telefónicos que tenía pendientes desde hace meses, porque, como les dije, odio hablar por teléfono. Pero, para mi sorpresa, todo fue muy fácil. Hablé con TAM para reservar unos asientos de avión para nuestro próximo viaje a Europa y me trataron como los dioses. No hubo esperas, los empleados eran amables y eficientes. Ese call center es una maravilla. Como estaba medio opa, me olvidé de reservar los asientos del regreso. Suspiré y disqué nuevamente el teléfono de TAM. Me atendió un segundo empleado que fue tan bueno como el primero. Así que ya tengo los asientos de a dos para el avión. Un problema menos.
Mientras hablaba con TAM, me llegó la respuesta de Valeria Ruiz, quien me decía que me iba a llamar Laura Riveiro, una operadora de atención al cliente, quien me iba a informar de los pasos a seguir y se iba a ocupar de mi caso. En fin, sonamos, pensé. ¡De nuevo al call center! ¡No! Esto se parece cada vez más al juego de la oca. Hoy, me parece, retrocedimos varios casilleros.
Sin embargo, decidí no ser tan negativa y esperar con optimismo el llamado de Laura Riveiro. No hay que perder las esperanzas, aunque confieso que hoy tengo el alma por el piso. Valeria Ruiz me soltó la mano y me mandó de vuelta al call center.
Como tenía que sacar mis fotos mundialistas, me fui a la playa con Solita. Estaba hiperventilada, angustiada y caída. Para ver si me mejoraba caminé bastante, como una hora y media a paso rápido. Soplaba un fuerte y frío viento del Oeste. Pero brillaba el sol, que siempre hace bien al estado de ánimo.
A mí las condiciones climáticas hostiles me estimulan cuando estoy bajoneada. Cuanto más soplaba el ventarrón, más rápido caminaba yo. Era una lucha vital, simple, que me llenaba de energía. Y así fui del muelle al Balneario Norte y del Balneario Norte al muelle. Me detuve solo en el punto imaginario cada vez que pasaba por ahí para sacar le foto número 53.
Pero como seguía agobiada, decidí ir caminando hasta el Edén ida y vuelta. Cuando regresé de nuevo al muelle, saqué más fotos en el punto imaginario. Pero todavía no estaba lista para volver a casa. Seguía inquieta, me costaba respirar. Así que continué mi caminata un poco más. Esta vez solo hasta el Solmar, o sea, un kilómetro, porque temía que Solita estuviera muy cansada. La pobre va a ras del piso y la arena seca le podía dañar los ojos. Y ya llevábamos un rato largo dando vueltas por la playa.
De mejor ánimo, llegué a casa. Tomé agua, le di el premio a Solita y un café a Q. Q me contó que había ganado Holanda y yo me alegré pensando en mi amigo Peter van Bueren, que es un gran futbolero e hincha del Ajax. Q estaba terminando de corregir su artículo de Perfil del domingo.
De pronto, Q recordó que había llamado Laura Riveiro y que le había dicho que la semana próxima (sí, escucharon bien, dijo LA SEMANA PROXIMA) iban a tratar de enviar el lavavajilla. Q, desesperado, le dijo que no entendía por qué había que esperar a la semana próxima. Que hoy era recién lunes.
En fin, finalmente, Laura Riveiro le dijo que iba a tratar de enviarlo hacia fines de esta semana. Pero que no iban a traer el nuevo y llevarse el viejo. Que eran dos operaciones separadas. No quedó claro cuál harán primero. ¿Traerán primero el nuevo? No lo sé, ni Laura Riveiro se lo aclaró a Q.
Lo cierto es que se aleja mi sueño de tener mi lavavajilla Candy para el 9 de julio, cuando tenga la visita de mi hermana, mis sobrinitos y sus amigos.
Desolada pese a las endorfinas conseguidas en la caminata, le escribí de nuevo a Valeria Ruiz. Ya no me da para hablar por teléfono con nadie. Estoy vieja y cansada. Y estas cosas me hartan. Quiero hacer mi vida. No puedo pasarme el día pensando en Falabella. Quiero escribir, leer… ¿Por qué no harán ellos solos lo que tienen que hacer y listo? La vida sería mucho más fácil para todos.
Antes de editar la foto 53 del mundial, le escribí esta carta a Valeria Ruiz:
Estimada Valeria,
Acaba de hablar mi marido con Laura Riveiro y le dijo que creía que iban a mandar el lavavajilla la semana que viene, que ya tienen toda la documentación. Mi marido le dijo que por qué había que esperar a la semana próxima, que hoy recién era lunes. Ella le respondió que iba a hacer lo posible por enviarlo hacia fines de esta semana pero que no le aseguraba nada.
Mi pregunta es la siguiente. Si cuando uno compra un producto el plazo de entrega es de 72 hs. (días hábiles) por qué en este caso deberían tardar más de cinco días en enviar uno nuevo.
Gracias por tu atención y espero que esto se resuelva a la brevedad.
Saludos cordiales,
Flavia
Por ahora no tuve ninguna respuesta. Quizás Valeria salió a almorzar. O está en alguna reunión.
La verdad es que no entiendo por qué tienen que tardar más de cinco días hábiles en mandarme un producto, cuando la modalidad habitual es de 72 horas. Y ya dejaron pasar dos días, el viernes y hoy. Es desesperante.
Bueno, es todo por hoy. Espero recibir noticias de Valeria o de Laura.
Ahora me voy a editar la foto 53 y a almorzar los fideos recalentados con tomates y aceitunas negras.
14.57 hs. Ultimo momento. Acaba de escribir Valeria Ruiz. Contestó rápido, hay que reconocer. Valeria es una mujer muy eficiente, la única que hizo avanzar las cosas en Falabella. ¿Cómo puede ser que sea la única?
Valeria me escribió para decirme que estaban tratando de arreglar con el transporte y que nos avisará a la brevedad.
Seguiremos esperando con optimismo. Ahora me voy a sacar la foto 54 del maldito mundial. Hasta la próxima.




junio 28, 2010 a las 4:57 pm
nota mental:
no comprar NADA en Falabella.
junio 28, 2010 a las 7:13 pm
La foto del caballo es una de las mejores que he visto en LLP.
Saludos.
junio 28, 2010 a las 7:43 pm
Anoto: no comprar nada en Falabella jamás.
junio 28, 2010 a las 9:30 pm
Galois, ya que te gustó la foto, ahora agrego la escena completa. No sé si está tan buena, pero me parece linda. Y muy sanclementina.
Y esperemos con Falabella, amigos. Yo no pierdo la esperanza… Aunque estoy fatigada de esta historia que me abruma.
Saludos,
F
junio 29, 2010 a las 12:12 am
Para tu consuelo, compré un microondas en Garbarino para regalarle a Sandra. Fue un domingo a la tarde. A la noche me di de cuenta que me habían cobrado más de 200$ de más, porque me habían vendido en 10 cuotas con intereses, y no en 10 cuotas sin intereses, como había entendido yo.
Fui y les dije que iba a llamar a American Express para suspender la compra. Me atendieron muy bien. Como ya estaba en “Envíos” me pidieron que volviera el lunes. Al día siguiente a la mañana estuve ahí. Me atendió otro gerente, también muy bien. Tardaron 2 hs. para anular la boleta.
Parecía todo en regla. Llega la cuenta de American Express. Me descontaron la boleta anterior y me trae 2 cuentas del microondas. Una por 776,51$. Es decir el microondas comprado en 10 cuotas con intereses (la compra anulada).
La 2ª cuenta es de 549.00$, que es la que sí hice, a pagar en tres cuotas. Mañana de nuevo 2 hs en Garbarino. Estamos perseguidas por los electro domesticos.
Muy buenas las fotos. El otro día cuando te veía al lado del señor del carro me preguntaba si charlarías con el. Pienso que sí. Te gustan esas relaciones.
Me acordé de vos viendo la pelicula argentina Dos hermanos.
Galois tiene razon. Me apoyo en él. Soy tu mamá.
junio 29, 2010 a las 6:02 am
Me gusta mucho la escena completa. Y el texto del carrito que agrega una palabra “por las dudas”.
Pero el recorte de la escena, en mi opinión, es lo que convierte a la primera en una foto fantástica.
Suerte con Falabella.
junio 29, 2010 a las 9:20 am
Galois, de la foto completa, me gusta el gesto de cansancio del hombre. Salió tal como se los ve en la playa.
Mami, me parece que está bien lo que te hicieron los de Garbarino. Según decís, Hay dos débitos (la anulada y la nueva) y un crédito (la devolución del dinero). Fijate bien antes de ir a perder el tiempo a Garbarino de nuevo.
Saludos,
Flavia
junio 29, 2010 a las 10:54 am
Muy buena crónica de Sandra sobre el Rigoleto en el Colón.
¿podés ampliar sobre la acústica?
¿es un tema nuevo o antes era igual?
…la dona e mobile…
junio 29, 2010 a las 1:19 pm
El Argentino siempre tuvo problemas acústicos. En algún momento se habló de solucionarlos pero no sé si finalmente si se encararon las obras y tampoco sé si es posible de verdad encontrar una solución.
El problema se agudiza en la platea baja, en la alta se escucha bien. Lamentablemente, esta vez me tocó sentarme en las butacas problemáticas pero de cualquier modo, la versión se disfruta muchísimo.
Vale la pena tomarse el micro a La Plata para verla. Además, la ciudad está mucho más linda que en otros tiempos.
junio 29, 2010 a las 1:42 pm
es verdad Flavia. Tenes razon. Sigo pensando que eran lentos pero muy amables. Ademas me dieron un credito,gratis. En los tiempos que estamos.
feliz caminata con “Solita”
junio 29, 2010 a las 2:55 pm
Gracias EN y gracias por ignorar mi gaffe, pensé que era en el Colón, se ve que leí la nota pensando en Rigoleto y cuando vi lo que decías de la acústica mi cabeza se fue al colón directo.
La Plata es una linda ciudad y si agarrás el movimiento de jóvenes secundarios y/o universitarios te agarra una envidia de juventud y la boheme que no te digo. Aunque nosotros (digo, yo) los abuelos, también tenemos nuestras cosas, los pastilleros para que no se pierdan las pastillas que tomás todos los días para la presión, las vitaminas, la licuación de la sangre, etc. etc., después cuando te vienen a buscar para llevarte a la plaza, ir a arreglar las chinelas porque se gastóa la suela, noooooooo, si la pasamos bárbaro nosotros también; además, por suerte todavía me acuerdo perfecto de mis épocas de estudiante, ahhhhhhhhhhhhhh, amores de estudiante, flores de un día son !!!!!!!!!!!!!!!!!
junio 29, 2010 a las 3:12 pm
No quiero mentirte (ni dejarte tranquilo): no es que haya ignorado tu error. Me habría encantado ensañarme con él si hubiera tenido la graduación necesaria para leer tu comentario más prolijamente. No soy abuela pero…
junio 29, 2010 a las 6:31 pm
Flavia, hoy estuve a punto de comprarme una simple jarra eléctrica y por suerte dije NO; seguro que en un tiempito ando boyando por ahí en busca de algún repuesto, me dije.
Aguante la pava.
junio 29, 2010 a las 7:01 pm
Fucklabella.
junio 29, 2010 a las 7:06 pm
Me pasó algo genial. La kinesióloga me contó toda la Opera. Yo pensaba que era en el Avenida. Hoy Sandra, cuando hablamos por teléfono, me dijo que era en La Plata. Cuando salí de la kinesióloga fui a tomar un café con leche y a leer el diario. La nota de la “nena” me enseño que la kinesióloga sabe de música. Coincidía con el comentario de Sandra en todo. Entonces, le pedí al mozo si me podía llevar la pagina y se la llevé al consultorio kinesiologico para que se la entreguen.
junio 29, 2010 a las 7:14 pm
Estrella, lo que te pasó a vos hoy con la jarra a mí me pasó el otro día con un caballero.
Mami, del mismo modo podría verificarse que ni la kinesióloga ni yo supiéramos nada de música. Pero me alegra que hayas pensado lo contrario.
junio 29, 2010 a las 9:08 pm
ja, lo bien que hiciste, enananegra; pan par hoy, hambre para mañana.
junio 29, 2010 a las 9:21 pm
En nombre de los varones prejuiciosos y machistas que pueblan este blog, objeto firmemente el diálogo que están teniendo Estrella y la Enananegra y que por cierto fue comenzado por esta última.
¡Viva Adriana Varela!
junio 29, 2010 a las 9:56 pm
Janfi, el otro día bailé –sí, leíste bien, bailé–, al ladito de la Varela. Me costó reconocerla, pensé que era un travesti amigo de la dueña de la fiesta, pero tuvo el mal tino de abrir la boca y cantar unas estrofas del rock que sonaba. ¡Y yo que no había tomado mi antidepresivo! Sentí que el mundo era un pozo oscurísimo y recordé aquel tango “parecía un gallo desplumau…”
¿Vos le comentaste a tu analista las inclinaciones que tenés?
junio 30, 2010 a las 12:08 am
No se si es mejor o peor, pero no estás sola, Flavia:
“estoy esperando que me entreguen un sommier, desde hace 28 dias…comprado por internet,,totalmente arrepentido..
llamo y llamo me dicen que averiguan y me llaman, nuncame llama ovbio..VALERIA RUIZ, Y LAURA RIVERO, supuestamente encargados.”
http://justosreclamos.wordpress.com/2007/12/20/falabella/
y así cientos de comentarios similares en internet, penurias y maltratos de Falabella por doquier.
Supongo que no tendrás ganas, pero sería bueno ir por la vía judicial. Y también abrir una página destinada a recopilar y difundir los destratos y las barbaridades hacia el cliente de Falabella.
A Falabella no comprarle ni un pañuelo, nada.
junio 30, 2010 a las 1:19 am
Almafuerte, la virtualidad tiene “esos” riesgos.
Lo peor de todo es que cuando vas a comprarlo y te lo querés llevar te dicen “no tengo en este local.. ya te armamos el remito para envío a domicilio”. Y ahí, fuiste, alpiste yd emás “iste”.
¡Aguante Rodó! -Porque lo pasás a retirar por el depósito y listo… que encima queda cerca del local de Boedo-.
junio 30, 2010 a las 8:24 pm
Ella no es sicóloga acaso?
(ya le pido un turno)