Sopa de letras (1)

Proyectos de huida

por Quintín

¿Por qué leer a Juan Benet? En el fondo, no tengo idea. Hace un par de años alguien me lo recomendó, o leí que era un escritor genial o importante. Los prejuicios del medio cultural argentino indican que no se debe leer a los españoles, porque son inferiores a los autores locales. Creo que muchos españoles comparten ese prejuicio. En el viaje a Madrid pregunté una y otra vez a qué escritor desconocido tenía que leer. Nadie me recomendó ninguno con énfasis y, de hecho, me parece que no lo hacen por timidez sino porque ni ellos mismos piensan que tengan un escritor valioso. Hay uno que dice Marías, otro Pombo, otros Millás o Chirbes o Gopegui o cualquiera de los libros grises de Anagrama. Echeverría recomienda a Luis Magrinyà, pero no creo que lo diga muy en serio. Echeverría, de paso, me hace acordar a Kent Jones, que vendría a ser una especie de equivalente en otro país y otra disciplina. Es una persona seria, afable, inteligente, pero cargada de compromisos; es parte de un entramado profesional que no lo deja ser demasiado libre. Cuando miran un poco hacia el pasado, los españoles hablan de Marsé o de Delibes y también de Benet, pero si uno les grita fuerte el nombre de tres escritores argentinos se sienten intimidados. Ni hablar si se menciona a Bolaño. Los españoles son muy provincianos pero también un poco acomplejados, a diferencia de los argentinos, cuyo provincianismo se manifiesta en la arrogancia un poco patoteril de sus círculos culturales, donde imperan los dogmas aprendidos en clase, la escasez de obra, la proclamación de la genialidad de los amigos. Esa es al menos la visión distante que uno tiene de esos círculos, pero no parece haber demasiado placer ni necesidad en la vastedad de textos ficcionales, teóricos, críticos o poéticos que se producen en la Argentina. Y sí una gran interdependencia, mediada por cátedras y suplementos, atmósfera de la que es necesario huir para poder hacer lo que a uno más le gusta que es leer tranquilo y, a veces, comentarlo. Estoy harto, por otra arte, de que cada vez que digo lo mucho que me gusta leer a Aira, aparezcan los inspectores sarcásticos, feroces y desesperados que tratan de molestar desde su mediocridad. Y lo mismo me pasa con los que llegan a reclamar la propiedad intelectual de cada escritor que se elogia.

No es que en España estén fenómeno. Allí campea en los medios culturales cierta falta de debate, un grado de barbarie populista superior a la argentina (como la del tristemente famoso Carlos Boyero en la crítica de cine, una versión decuplicada de Jorge Carnevale) y hasta la censura. Pero son males que conozco de oído y no me interesan porque vivo lejos, no conozco a la mayoría de los actores ni ellos me conocen a mí. Por eso tengo ganas de leer a los españoles. Benet, en especial, tiene algo muy atractivo. Es costumbre en media España odiarlo, decir que era un pedante, un tipo difícil y un escritor ilegible. Esa es la idea de los cerdos populistas como Pérez-Reverte y de los que profesan el credo fascista de kontar-historrias. Pero —y esto es lo más curioso— ni siquiera sus amigos lo defienden demasiado. Hay un par de artículos de Javier Marías que dicen entre líneas que Benet era una persona muy agradable, muy amigo de sus amigos, pero un escritor demasiado difícil.

Pero como gracias a esa recomendación de fuente imprecisa fui acumulando libros de Benet a lo largo del tiempo y del viaje a España me traje también cuatro o cinco, tengo buena parte de su obra publicada. Benet nació en 1927 y murió en 1993. Era ingeniero de caminos y se ganó (al parecer muy bien) la vida construyendo puentes y represas para grandes compañías. La literatura era un segundo oficio y ese ya es un dato a su favor: un escritor que escribe por vocación, que no tiene nada que demostrar aunque la vanidad no dejó de afectarlo. Siempre lamentó secretamente no haber ganado nunca un premio importante en España ni fuera de ella y llegó a abandonar uno de sus proyectos más ambiciosos, la saga Herrumbrosas lanzas, porque el público no respondió como esperaba a las primeras entregas.

La otra cosa que hay que decir de Benet es que fue un faulkneriano duro, como Onetti o Saer, e inventó un territorio para contener sus ficciones. El país de Benet se llama Región y queda en algún lugar (si la geografía ibérica no me falla) al oeste de Navarra y al norte de Aragón. O algo así. Lo cierto es que Benet llegó a trazar un mapa muy detallado (en escala 1/150.000) que se vendió por separado de los libros aunque ahora viene como regalo en la edición reunida de Herrumbrosas lanzas. La mayor parte de las ficciones de Benet transcurren en Región en la primera mitad del siglo y se relacionan de algún modo con la Guerra Civil, durante la cual el padre de Benet fue fusilado, creo que por los republicanos, aunque Benet fue más bien un tipo de izquierda que tuvo una actuación importante durante la transición democrática. Pero hablo de memoria, al menos por ahora.

Hace un tiempo leí el primer libro publicado por Benet, la colección de relatos Nunca llegarás a nada (1961), y me dejó la impresión de que era un escritor “distinto”, complicado, la de alguien que intenta una aproximación no convencional con la literatura. Sé que esta es una frase demasiado vaga, pero quiero decir que Benet parece ser alguien que desconfía de que se pueda escribir dando por sentado que la realidad es una cosa muy simple y que basta transcribir la que pasa delante de los ojos, aunque sean los ojos de la imaginación. Un escritor difícil —en ese sentido de difícil— es muy esperanzador, precisamente porque da a entender que hay cosas mucho más interesantes no solo en el lenguaje (se suele decir que los escritores que escapan del realismo son escritores “del lenguaje”) sino en el mundo que aquellas que se relatan así nomás, dando por sobreentendidos los pensamientos y las emociones convencionales, es decir, las que son con toda seguridad no solo redundantes sino falsas. También leí de Benet una colección de ensayos agrupados bajo el título La construcción de la torre de Babel, y algunos de ellos me dejaron la impresión de que el autor poseía una erudición notable y una inteligencia superior.

En este punto surge una pregunta para intentar entender lo que intenta Benet. ¿Qué es lo que estos escritores faulknerianos vieron en Faulkner en su momento, lo que les produjo ese deslumbramiento del que hablan Saer, Onetti y él mismo? No lo sé, fundamentalmente porque no leí demasiado a Faulkner, apenas Las palmeras salvajes, Sartoris y Gambito de caballo (este hace mucho) y lo lamento. Pero Faulkner es uno de mis proyectos de lectura y por eso he ido comprando los libros que encontraba en el camino y puede que lo averigüe alguna vez. Esta es una lista de los libros de Faulkner que tenemos en la biblioteca:

La paga de los soldados, (Soldiers’ Pay, 1926)
Mosquitos, (Mosquitoes, 1927)
Sartoris, (1929)
El ruido y la furia, (The Sound and the Fury, 1929)
Mientras agonizo, (As I Lay Dying, 1930)
Santuario, (Sanctuary, 1931)
Luz de agosto, (Light in August, 1932)
Pilón, (Pylon, 1935)
¡Absalón, Absalón!, (Absalom, Absalom!, 1936)
Los invictos, (The Unvanquished, 1938)
Las palmeras salvajes, (The wild palms, 1939)
El villorrio, (The Hamlet, 1940)
Desciende, Moisés, (Go Down, Moses, 1942)
Intruso en el polvo, (Intruder in the Dust, 1948)
Requiem para una mujer, (Requiem for a Nun, , 1951).
Una fábula, (A Fable, 1954)
La mansión, (The Mansion, 1959)
La escapada o Los rateros, (The Reivers, 1962)
Banderas sobre el polvo, (Flags in the Dust, 1973)

de modo que me falta una sola novela:

La ciudad, (The Town, 1957)

Y también tenemos las Collected Stories (que acaba de editar Alfaguara como Cuentos reunidos) y las Uncollected Stories (editadas por Anagrama como Relatos).

Considerando que apenas estoy por cumplir sesenta años, no es una idea del todo absurda leer toda la obra de Faulkner. Claro que no es el único autor que quiero leer completo, pero de eso hablaremos en otra oportunidad. Volvamos entonces a Benet. Esa idea de que es un escritor singular, en castellano, que habla de la Guerra Civil, un autor maldito para sus compatriotas y un desconocido en la Argentina (de aquellos que si empiezo hablar de él en el blog es poco probable que aparezcan los sabelotodos a corregirme) hace que valga la pena, en principio, hacer una lectura integral de Benet (sí, sí, me debo la de Aira, pero el clima está demasiado caldeado y eso me afecta). De modo que, con esa idea en la cabeza, empecé por hacer una pila de todos los libros de Benet que tenemos.

Las novelas son las siguientes:

Volverás a Región (Destino, Barcelona, 1967)
Una Meditación (Seix-Barral, Barcelona, 1970)
Una tumba (con fotografías de Colita) (Lumen, Barcelona, 1971)
Un viaje de invierno (La Gaya Ciencia, Barcelona, 1972)
La otra casa de Mazón (Seix-Barral, Barcelona, 1973)
Saúl ante Samuel (Alfaguara, Madrid, 1980)
El aire de un crimen (Planeta, Barcelona, 1980)
Herrumbrosas lanzas (Alfaguara, Madrid, 1998)
En la penumbra (Alfaguara, Madrid, 1989)

También tengo los dos libros de los relatos completos, que acaban de ser reeditados en De Bolsillo (compilados por Ignacio Echeverría, como el resto de la obra que está saliendo en esa editorial).

Y también tres siguientes colecciones de ensayos editadas después de su muerte:

Infidelidad del regreso
Puerta de tierra
Una biografía literaria

una especie de libro de memorias:

Otoño en Madrid hacia 1950 (Alianza, Madrid, 1987)

que leí pero no recuerdo y una antología de artículos periodísticos:

Páginas impares (Alfaguara, Madrid, 1996).

De modo que me faltan solo dos novelas:

En el Estado (Alfaguara, Madrid, 1977)
El caballero de Sajonia (Planeta, Barcelona, 1991)

Un ensayo, seguramente esencial

Qué fue la guerra civil (La Gaya Ciencia, Barcelona, 1976)

algo llamado

Trece fábulas y media (con ilustraciones de Emma Cohen) (Alfaguara, Madrid, 1981)

un libro de entrevistas:

Cartografía personal (Cuatro ediciones, Valladolid, 1997)

unas cuantas obras de teatro y algún otro ensayo.

Decidí entonces que tenía material suficiente para empezar o seguir con Benet y me sumergí en Volverás a Región, su primera novela y según muchos, la mejor. Esa es una mala señal: ¿qué clase de escritor es aquel cuya primera obra es la mejor? Pero yo creo que eso se debe muy probablemente a que nadie lee nada y, en particular, entre los que opinan así muy pocos se tomaron el trabajo de releer a Benet, si es que lo leyeron alguna vez.

Tardé dos días con Volverás a Región, que conseguí en una reedición de la editorial Destino (letra chica, 315 páginas). Y efectivamente, resultó una novela endiablada, que me costó mucho seguir. El libro está organizado alrededor del encuentro entre dos personajes, un viejo médico que vive en una casa en ruinas (junto con un chico enfermo, al que tiene escondido en el desván) y una mujer que llega hasta allí. De la conversación entre ambos, surgen dos series paralelas de historias, una anterior a la Guerra Civil y otra sobre el final de ella. Hay momentos de la novela fascinantes, otros impenetrables, pero debo confesar que no logré entender cuál era la relación que vinculaba a los personajes. Es decir, no pude conectar las dos series de historias y ni siquiera entender qué le pasaba al chico ese ni quién era. Algo magnífico del libro es que los personajes no hablan como en una novela costumbrista sino que, por ejemplo, la mujer hace una larguísima reflexión sobre el amor, el deseo, el sexo, la virginidad y cuestiones afines. Pero no logré entender el meollo de su filosofía ni tampoco cuestiones más pedestres, como por ejemplo con quién se casó finalmente la mujer ni qué tenía que ver el médico con ella. Es gracioso que en la contratapa del libro se lea:

Hacia los montes salvajes de Región escapó, al acabar la guerra, un grupo de combatientes entre los cuales se encuentra el hijo del doctor Daniel Sebastián. Pasan los años, el doctor se ha enterrado en vida en la ruinosa residencia que regenta, donde se ocupa de cuidar a un muchacho enloquecido por la ausencia de su madre. Repentinamente recibe la visita de una misteriosa mujer. A lo largo de una noche, la mujer y el doctor evocan sus recuerdos y sus destinos en un prolongado diálogo.

Yo solo logré entender lo que se afirma a partir de “A lo largo de la noche”, pero no sé bien cuáles son esos destinos. Nada me queda demasiado claro, ni siquiera el nombre del médico o el de la mujer. Acaso ella se llame María Timoner y sea la madre del chico, pero no estoy seguro. En fin, tal vez todo esto se aclare en las ulteriores novelas de Región, aunque no lo creo. Más bien es posible que deba volver una y otra vez al libro, como Sísifo, para intentar comprender qué quiso contar Benet y, finalmente, si valió la pena.

Pero no solo la oscuridad de lo narrado caracteriza la dificultad del libro. Benet se empeña en describir el mundo de Región como si fuera la enciclopedia de Tlön. A cada rato se detalla la flora y la fauna que entre mi desconocimiento de la biología descriptiva y los nombres de árboles, plantas, pájaros, insectos y flores que se usan en España pero no en la Argentina, parece un catálogo de especies imaginarias. Como si esto fuera poco, hay varias páginas dedicadas a la topografía de Región que se explica a partir de los plegamientos geológicos y sus consecuencias, una suerte de génesis erudita sobre ese mundo ficticio. Uno tiene, por momentos, impulsos homicidas con el autor pero entonces recapacita y se da cuenta de que, por el contrario, es un lector privilegiado el que tiene en sus manos ese texto inútil, escrito por puro placer e, incluso, como una invitación a convertirse en cómplice de esa escritura que a nada apunta, que nos libera de la carga mercenaria de la mayor parte de la literatura. Claro que es también una invitación a seguir construyendo mentalmente Región, averiguando cómo son esas aves y esos desiertos que la componen, reconstruyendo la imagen mental de un mundo inventado para que la dedicación del lector le termine de dar vida. Es un poco como ir al cine para un ciego o para un sordo y tal vez esa sea la verdadera gracia de la literatura.

Por lo pronto, me espera la segunda novela, 282 páginas sin puntos aparte, a lo Thomas Bernhard. Allá vamos.

Foto: Flavia de la Fuente

Advertisement

20 comentarios para “Sopa de letras (1)”

  1. necro Dice:

    Q, loable tu intención de leer contra o más allá del asi llamado canon, un espacio que sin duda a todos nos agobia = pero que, tal vez sin mala intención pero también con bastante arbitrariedad, armó tu amigo Aira – y que todos hemos heredado. Porque en definitiva, nada se sabe, según dijo un compatriota de tu autor hace varios siglos. En concreto de Benet sólo puedo decir que un primo suyo jugó en San Lorenzo, si no me acuerdo mal, y que era más bien morocho. Anacronismo contra anacronismo, yo estuve leyendo hoy a Max Scheler, un tipo del que los suplementos culturales no se ocuparìan ni aunque resucitara y contara que Husserl y èl aspiraban pegamento y salìan a apretar a los discìpulos de Dilthey. En fin, la historia, como dijo un profesor de Puàn de los que no te gustan, “esa trituradora de imaginarios”

  2. necro Dice:

    Ah, perdòn, el canon lo armò Aira y algunos otros, desde ya.

  3. estrella Dice:

    El que lo nombra sin parar en Javier Marías. Ahora no recuerdo en cuál de sus libros, mañana los busco.
    De Faulkner, El sonido y la furia y Absalón, Absalón, sin dudas.
    ¿Luz de agosto no es un cuento?

  4. sebastian andres sanchez Dice:

    De WF : ¡¡¡Una Rosa para Emily !!!!! cuento.

  5. Mishíguene kop Dice:

    Bueno, según Vila-Matas, creo que en Bartleby y compañía, el gran escritor español olvidado es Felipe Alfau. Vale la pena leer su genial libro Locos: Una Comedia De Gestos. Se consigue en la red.

  6. Mishíguene kop Dice:

    Bueno, es una obra escrita en inglés, no en español, y en el exilio, pero vale, como producto legítimo del proceso cultural e histórico de España en el siglo XX.

  7. Albert Dice:

    Se olvidan de Goytisolo

  8. Pustulio Dice:

    Gran proyecto (y reto) leer la obra entera de Benet. Yo leí Volverás a región y sí, me pareció un gran escritor, denso y pesado, pero por el momento no se me antoja leer otros libros suyos. También leí Otoño en Madrid, y el retrato que hace de Luis Martín Santos (otro excelente escritor) es muy emotivo. Casi podría apostar que tu proyecto, Quintín, se quedará en proyecto.

    No sé si el viejo mito de que al lector argentino no le interesa la literatrua española (lo mismo se dice del lector mexicano, y supongo que del lector latinoamericano en general) sea cierto. Me parece que cualquier lector latinoamericano mínimamente curioso ha leído a Javier Marías, a Juan Marsé, a Juan Goytisolo, a Vila-Matas, a Javier Cercas, a Millás (tan promocionado en Argentina y tan prescindible), a Muñoz Molina, a Almudena Grandes y a (al menos) un par más que haya descubierto por su cuenta. Por el contrario, me parece muy, muy poco probable que un lector español equivalente haya leído a diez narradores argentinos vivos, o a diez mexicanos, o a diez colombianos, por no hablar de chilenos o cubanos o peruanos. Es más, dudo que en España se lea de cajón a diez escritores latinoamericanos vivos. También me parece difícil que ese mismo lector latinoamericano que tiene un mínimo panorama de la literatura española haya leído a diez autores vivos de otras literaturas latinomaericanas. Por supuesto que sería deseable que hubiera mayor comunicación entre las distintas literatruas hispánicas, pero no nos engañemos: en el deprimento panorama que existe en la actualidad, los escritores más leídos, por mucho, son los españoles. Que se lean los mejores ya es otro tema.

    Y para el próximo viaje a Madrid te recomiendo dos joyitas (si las consigues…): Ventajas de viajar en tren y Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo. Me lo agradecerás.

  9. boudu Dice:

    [quote]
    Y lo mismo me pasa con los que llegan a reclamar la propiedad intelectual de cada escritor que se elogia.
    [/quote]

    No entendi, pero suena sarcastico

  10. hernan Dice:

    Es peliaguda, pero elogiable, la intencion de leer todo Faulkner… El sonido y la furia, tremendo(en la amplia acepcion de la palabra). Yo lei lo mismo que vos, y hace años tenia comenzado Mientras agonizo y desaparecio(algun amigo lector y medio chorro) de mi biblioteca, y nunca supe mas de el.
    Javier Marias es muy bueno, un placer leerlo. No se me ocurre un escritor argentino comparable.
    Aira lo tengo en carpeta, me recomendaron(mas de una persona de esta pagina) en otro post tuyo por donde empezar. Me acobardo una amiga, lectora tambien, que me dijo que habia leido no me acuerdo cuales y que Aira era un boludo. Y me dijo que leyera a Felisberto Hernandez( no me pidan interpretaciones por favor).
    Saludos.
    P.D. Alguna pagina sobre literatura interesante que recomienden? Yo leo(me gusta) la Biblioteca de Asterion(un blog) y Ignoria, entre otros.

  11. Mishíguene kop Dice:

    Para leer algo bueno y que en algún punto se conecta con Macedonio Fernández, no con Felisberto Hernández, leete a Felipe Alfau.
    http://www.linksole.com/p5h4t

  12. Mishíguene kop Dice:

    A mí me encantan los relatos de Faulkner, que son de un barroquismo inaudito para el género cuento: parecen mininovelas y me facilitan la tarea de lectura, dado que como comenté me cuesta llegar al final de las novelas y suelo quedarme por la mitad. Luego de un tiempo por ahí retomo, pero casi nunca leo nada de un tirón. No sé cómo hacen para leer una novela en dos días. Increíble. Ahora estoy leyendo (entre otras cosas y ese es mi karma) los Diarios de John Cheever y son asombrosos. Al ser una especie de autobiografía fragmentaria me facilita la lectura enrarecida y me hace tolerable la dispersión. Me dan ganas de leer todas sus novelas, pero no las tengo, salvo una que conseguí en la red y que algún día leeré. Me gustaría leer la saga de los Wapshot que constantemente se nombra en los Diarios.

  13. estrella Dice:

    Mishi, cómo será que leí esto: “… me facilita la lectura enardecida y me hace tolerable la depresión”… y no “la dispersión”, porque ojo, leer los Diarios de Cheever de un tirón, como una novela, puede dejarte al borde del precipicio.

  14. Mishíguene kop Dice:

    hay zonas de la intimidad que narradas como lo hace Cheever más que depresivas son casi narcolépticas, en el sentido de su poética, cómo describe lo que lo rodea, como encuentra belleza en los momentos menos oportunos y se deprime cuando debería estar en pleno regocijo.

  15. Mishíguene kop Dice:

    Transcribo un fragmento de los Diarios (que en la libreria el ALEPH se consiguen todavía a 30 pesitos):

    Ya que en las calles parezco sopesar, paso a paso, minuto a minuto, una especie de concepción de la belleza, podría tratar de formularla o reformularla en estas líneas. Mi concepción de la belleza jamás se aleja de lo sensual. Evidentemente, en estas bellezas reconozco fuerzas que parecen triunfantes y otras que parecen destructivas. El mar es bello y azul, pero si mi barco naufraga, me ahogaré. La mejilla de ese desconocido es bella y tersa, pero si la acaricio daré con los huesos en la cárcel. Pero estas ansiedades corresponden al parecer a un reino donde la luz es débil. Por otro lado el mar es bello y azul, es un placer navegar sobre él; la mejilla de mi amor es tersa y suave, y si la acaricio seré recompensado con tesoros incalculables. Este enfrentamiento es lo que no comprendo; choca con la sensación instintiva de que la vida fluye o debe fluir como el agua de un arroyo.

    Cheever es la medida de la ambiguedad de la vida, la medida de que tras lo convencional se esconde un mundo de infinitas trasgresiones y anormalidades. La vida, según Cheever, y según la mayoría de los grandes escritores, siempre resulta paradójica.

  16. Santiago Giralt Dice:

    Hace pocas semanas logré poner en orden una biblioteca que llevo años armando, desde los nueve en que empecé a coleccionar best sellers hasta ahora. Las bibliotecas se transforman en un abstracto mapa de lecturas y preferencias. Cuando ordené la sección de literatura española me di cuenta de que tenía alrededor de veintes libros de una colección (Narrativa Actual, muy 1990′s) escritos por autores españoles y no había leído a ninguno. Benet es uno de los autores y su libro En la penumbra. Es una delicia de lenguaje y como universo. Pensé qué vientos me habían llevado a devorar a cualquier ejemplar de autores ingleses o norteamericanos y no a poner el ojo sobre los españoles. Tratando de enmendar ese desatino, me topé con Benet. ¿Por qué leerlo? ¿Por qué no?

  17. Gabriel Dice:

    sólo porque nadie lo dijo: luz de agosto, Tremebundo!
    Quintin: ese es el libro. Preguntale a Borges si querés, pero confiá en mi!

  18. Julian Dice:

    Me temo que a Faulkner y Benet ya sólo los leen los argentinos. Me explico. Porque tanto a uno como a otro en cada uno de sus libros, de sus ladrillos, les sobran como mínimo unas 200 páginas, una característica profundamente argentina, profundamente hispanoamericana, e incluyo a Borges, Márquez, Octavio Páz, Neruda, Lima, Fuentes, Llosa y un larguísmo etcétera. Decir con 200 palabras lo que se puede decir con 50. Una diarrea verbal, que aquí en España sólo fue apreciada durante el llamado boom y del que por suerte apenas ha sobrevivido nada, a Dios gracias.

    Decir que a Benet se le odia en España es un juicio muy poco acertado, porque lo que suscitan sus libros es indiferencia, aburrimiento. Hay 4 escritores que le defienden, para defenderse a sí mismos no nos engañemos, todos faulknerianos que casualidad, Marías, Mateo, y otros 4 que lo critican por deporte, sin haberlo leído, Benet no tiene lectores, ni los ha tenido nunca, no es un autor maldito, su obra está más que publicada, es simplemente un autor no leído. Lo de que hay españoles que tienen el prejuicio de que los escritores argentinos son superiores, supongo que es una burda provocación y como tal la tomo, la imagen que tiene el común de los españoles del argentino, ya no digamos de los escritores o directores de cine argentinos, no es muy halagüeña que digamos, cansinos sería el epíteto más moderado, pero siguiendo tu razonamiento eso se debe a nuestro complejo de inferioridad, y a la envidia, admitimos Borges como animal de compañía, lo de sentirnos inferiores ya no cuela ni en futbol, un deporte que ya sólo saben jugar los españoles.

    Hablas del desconocimiento que tenemos los españoles de la literatura hispanoamericana, que sería de ella sin las editoriales españolas Alfaguara, Seix Barral o Anagrama, y tu texto, iba a poner artículo pero no sería la palabra precisa, demuestra precisamente lo contrario, tu profundo desconocimiento de la literatura española. Desconozco cuales son tus amistades españolas, si las tienes, pero cualquier español de la calle, pongo por caso un barrendero, te diría con la frente muy alta tres nombres de forma inmediata: Unamuno, Galdós y Delibes, tres nombres por los que cualquier argentino tendría que agachar la cabeza, o aplaudir, que sería lo suyo, si ponemos en el fiel de la balanza a Borges, Cortazar y Sábato, como español echaría una soberana carcajada, aunque dudo que sean autores muy leidos en Argentina porque utilizan el castellano de forma sencilla, concisa y precisa, sin parrafadas onanistas, psiconanalistas.

    Como los tres están muertos, te recomiendo que emplees tu tiempo en leer a Ana María Matute, no te esfuerces en hallar paralelismos con un escritor argentino o de cualquier otra nacionalidad, no existen, es única, genial.

    Saludos desde la madre patria.

    P.D: Si te das cuenta no he mencionado en ningún momento a Cervantes, a Quevedo o a San Juan de la Cruz, no me gusta hacer sangre.

  19. Jorgeimer Dice:

    Efectivamente vuestra literatura es infinitamente mejor en este siglo XX a la nuestra. En España hay cosas que están bastante bien como por ejemplo el propio Benet, Valle Inclán (ese sí que está a la altura de los vuestros) o Jardiel Poncela. Pero lo de Argentina es un escándalo. A mi, aparte de los canónicos que no voy ni a mencionar, me gustan mucho Lamborghini y Gombrowicz, aunque este es más argentino de adopción que otra cosa. De hecho estoy haciendo la tésis sobre ellos (:

    Eso sí, Aira me parece bastante mediocre. Me gustó Cómo me hice monja, pero el resto de libros suyos que he leído me han decepcionado profundamente. Le vi en Madrid en una charla que dio en la noche en blanco y fue un poco mierda también. Es, posiblemente, que no simpatizo con su manera de entender la literatura y que me enerva verle criticar a Cortazar que es…no se…¿300 veces mejor que él? Hay un brasileño que se llama Joao Gilberto Noll que también apuesta por dar a sus tramas una libertad formal muy grande y que, en cambio, me parece mucho mejor escritor que Aira. Si no lo conoces, te recomiento que pruebes con Harmada. El propio Copi o Fogwill, por decir dos autores argentinos de “estilo libre”, son mucho mejores que Aira.

    Por cierto, no soy partidario de andar llamando faulkneriano a Onetti, Benet y compañía. Cada autor es único a su manera. Leer un libro como Volverás a región o como La vida breve partiendo de la idea de que se trata de obras falknerianas me parece que es estar condicionado de antemano. No va a ayudar a la comprensión del libro. Más bien la va a entorpecer.

    Pdta:Comparar a Delibes y a Galdos con Borges es puro provincianismo español. Menos mal que no ha mencionado al infame Lorca, autor patrocinado por el Ministerio de Cultura Española. En realidad una página de Macedonio vale más que toda la obra de aquellos juntos.

  20. Mastropiero_Gaita Dice:

    Lo de Julián no llega ni a juliancito. No hay que leer demasiado entre líneas para darse cuenta de que, más allá de los comentarios supuestamente literarios, no hay otra cosa que la expresión solapaba de la xenofobia que arrastra mi país desde el 36 en adelante. Nuestros gobiernos democráticos tan sólo intentan encubrir esta peculiar soberbia racial mediante la puesta en marcha de ingenuos mecanismos mediáticos sin incidencia efectiva en la realidad, dirigidos casi en exclusiva a la obtención de votos para las próximas elecciones. Prácticas concretas y efectivas (por ejemplo, en el terreno pedagógico), aún brillan por su ausencia. Incluso, en nuestros momentos democráticos más “gloriosos” (con Aznarín-Aznarón a la cabeza), nos dejamos de pantomimas y, con la Constitución, La Ley y la Policía en nuestras manos, elaboramos maravillosas leyes de inmigración, extranjería e integración a la altura de Grandes Líderes Históricos de bigotito recortado. Tampoco zafa nuestro gobierno actual, con endurecimientos en los requisitos para la admisión de inmigrantes (y “facilidades” para su retorno) como una medida para frenar el problema del desempleo en tiempos de crisis. Así nos luce el pelo.

    Tampoco tiene desperdicio el comentario al paso del amigo Julián con respecto al fútbol. Tradicionalmente, la bandera nacional ha sido ondeada en mi país por los ámbitos más rancios de la derecha (la izquierda no se identifica con un símbolo que mantiene más rasgos franquistas que republicanos). Durante el Mundial, las roja y gualda se ha colgado en numerosos balcones de hogares familiares (con un cambio interesante: en lugar del escudo constitucional, el “macho” e “ibérico” Toro de Osborne). Se le puede dar cierta cancha a estas manifestaciones, pero vuelven las sospechas cuando, por ejemplo, la fiesta de bienvenida de los jugadores tras ganar el mundial es amenizada por el sr. Manolo Escobar, uno de los fetiches mediáticos más significativos del franquismo. Recordemos sus letras más famosas: “viva el vino / y las mujeres / y los cuatro puntos cardinales de mi España”, “no me gusta que a los toros te pongas la minifalda” o la metafísica “poropopo-poropoporopom pero-pero / poropoporompom pero-pero/ poropoporopopo”. “mi carro / me lo robaron / anoche /cuando dormía” tampoco está nada mal. El grito de guerra “¡a por ellos!” o los continuados deslices de los relatores (con el “ellos” y el “nosotros” siempre en la boca, sutituidos de vez en cuando por el “estos” referido a los equipos rivales) también deberían resultar significativos. No es de extrañar que, a partir de ahora, con un Mundial en nuestras manos, el fútbol se convierta en otra arma arrojadiza que justifique prácticas xenófobas de exclusión y superioridad. Espero equivocarme.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 145 seguidores