Sobre la verdadera, no sobre CK
por Flavia de la Fuente
Hoy me levanté sensible. En realidad, siempre me levanto sensible. Pero hoy un poco más. Y eso que caminamos mucho por la playa y a pleno sol. La caminata y el sol son dos de mis antídotos casi infalibles. Pero hoy no funcionaron del todo bien. Tampoco me animé a bañarme en el mar. Llegué un poco triste a casa, me di una ducha caliente y me puse a buscar mi ropa. ¡Y no había nada!

Le pegué un grito a Q: “Che, ¿dónde está toda la ropa que cuelga siempre del perchero?” Yo sabía que era una pregunta retórica porque Q sabe menos que yo de todo lo que ocurre en esta casa. En ese perchero había bikinis, pashminas de invierno, soleros, vestidos playeros, camisas de verano y de invierno, cinturones, carteras de lona, collares que nunca uso y cosas que ya no recuerdo. Todo lo que fuimos colgando durante el año y fue quedando. Algunos soleros creo que estaban desde el verano pasado. El otro día cuando me puse uno de ellos noté que tenía los breteles rígidos, como si los hubiese almidonado.
En fin, es que Q y yo, hay que decirlo, vivimos como dos adolescentes que hacen lío en la casa porque los padres se fueron de vacaciones. El problema es que los padres ya no vienen más a poner orden. Nos fuimos hace veinticinco años de la casita de los viejos. Y acá no hay ningún padre que ponga en régimen a la tropa. Así que todo es un caos.
Pero a falta de padres que les den un par de gritos y los pongan a ordenar la casa, estos adolescentes-viejos tienen a su amiga Cristina que pasa largas temporadas en la Sede Central.

Volviendo al misterio de la ropa desaparecida, Pita nos contó que la responsable de la desaparición de la ropa y también de los zapatos, ojotas y zapatillas que están frente a nuestra cama era Cristina.
Resulta que la industriosa mujer hoy se levantó preocupada porque yo sufro un ataque de alergia desde hace más de un mes. Me despierto a los estornudos, pero ni bien voy a la playa todo se me pasa. Entonces, la bondadosa Cristina pensó que mis ataques se debían a la acumulación de arena y mugre que había en el perchero y en los calzados. Así que sacó todo al patio. Ahora está todo el jardín invadido con mi ropa y la de Q desplegada al sol con fines ventilatorios supuestamente antialergénicos.

Pero las preocupaciones de Cristina no se detienen allí. También durante su visita nos hace comidas balanceadas, orgánicas, porque ella es muy ecológica.
La pobre cree que mató a las hormigas con la boveria que trajo de Buenos Aires. Pero cuanto más boveria les pone, más rechonchas se las ve. Entonces, Pita, cuando ella no la ve, les pone el gel para cucarachas y así logramos ahuyentar a las malditas hormigas. Pero como no queremos decepcionar a la voluntariosa Cristina, le hacemos creer que es su remedio el que funciona. Nadie se anima a contarle la verdad.

Porque para ser justos, a veces dan ganas de matarla. Porque si bien no hay nadie tan bueno y generoso, la mujer es un poco testaruda. Tiene un remedio para cada cosa. Y también las mejores recetas de cocina. Está todo bien si uno vive en las nubes como Q y yo. Ella hace y deshace a su antojo y nosotros solo gozamos de los sabrosos manjares que prepara. Pero, ¡guarda al que quiera meterse en la cocina! O en el jardín. Porque Cristina también reina en el jardín. Saca la gramilla, abona con menjunjes horrendos de bosta con gusanos y no sé qué otras porquerías. Cultiva lombrices a las que alimenta con los saquitos usados de té, cáscaras de banana, borra de café. No sé, esta mujer es una especie de hechicera. Todo el día está haciendo algo. Siempre hay un olla con algo en ebullición: dulces, guisos, ungüentos, misterios varios.
También hace las compras porque lo que compramos nosotros es siempre malo, según sus exigente criterios. Ella sabe cuándo la carne está buena, cuándo las verduras sabrosas. Yo soy adicta a las bananas (¡no me carguen!). Como dos o tres por día. Y últimamente todas las que compraba estaban podridas. Un día Cristina me dijo que ella había visto en no sé dónde unas bananas que parecían buenas. Y allí se dirigió y volvió con unas super bananas deliciosas.
Es nuestro opuesto. Nosotros compramos mucho pan todo junto para no tener que volver a la panadería por un día o dos. Ella compra lo mínimo para que siempre sea fresco, recién salido del horno. Y todo así. ¿Nos estará faltando algún gen a Q y a mí? Todo lo que a Cristina le parece trivial a nosotros nos parece un esfuerzo descomunal. Nos cansamos de tirar comida podrida de la heladera. Siempre quedan cosas sepultadas. Se nos vencen todos los alimentos. Somos un desastre. En cambio, la pregunta diaria de Cristina es: “¿Qué hay en la heladera?” Entonces, saca prolijamente todo, observa, medita y con lo que hay inventa un menú delicioso. Ayer, con las sobras de un pollo asado hizo canelones de pollo y hongos acompañados con zapallitos, zanahorias y papas cocinados en la vaporera. “Una pavada”, dijo. “¿Vieron qué fácil que es comer bien?” No miente. Para ella es fácil y para nosotros, una misión imposible. Minutos antes de que ella volviera de la visita a lo de su prima yo estaba por llamar a Marejada para que me trajeran una lasagna y a Q unos ravioles con estofado.

Bueno, nada, solo quería contarles cómo me conmovió hoy ver que alguien se preocupaba por ventilarme la ropa. Ya sé, soy grande y debería hacerlo solita. Pero nunca junto fuerzas para hacerlo. Pita también se preocupa por nosotros. No puede soportar que no hagamos la cama. Y yo odio hacer la cama, no estoy acostumbrada y no creo que ya nunca me acostumbre. Así que hasta los domingos viene toda arregladita, lista para salir de paseo, y me dice: “Vengo dos minutos a hacerte la cama. No soporto la pieza así.”
No sé. Hoy me agarró la orfandad. Y el gesto de Cristina me conmovió. Sigue la ropa al sol. Espero que no quede toda blanca. Veremos cómo sigue esta revolución de limpieza en la Sede Central.
Fotos: Flavia de la Fuente
Febrero 16, 2008 a las 2:10 pm |
ja, ja! si no fuese que usás la primera persona parecería que me decribieras a mí: caminata y sol los antídotos ¨contra todos los males de este mundo¨, diría Spinetta.
La ropa- aunque limpia- siempre desordenada. Siempre. No habrá cómo torcer el desdén por tener los placares prolijos ni cómo encontrar ESE vestido que tengo que ponerme hoy. Es ESE, con otro no puedo salir. Y dónde está, por Dios?
Una banana por día, religiosamente, en lo posible medio verde y con un golpe de heladera. Igual que una taza de lentejas y dos huevos para el hierro y las proteínas.
Pero como Cristina y buena vegetariana, cuando cocino mis gírgolas con verduras o polenta asada, tambien les digo a los demás, como a ustedes: vieron que comer bien es rico y fácil?
Febrero 16, 2008 a las 2:39 pm |
Yo creo que Cristina es una artista del futuro, su material es el tiempo por venir.
Febrero 16, 2008 a las 2:50 pm |
“el orden es la base de todos los desencuentros”
Quino
Febrero 16, 2008 a las 3:13 pm |
Flavia, te entiendo perfectamente. Yo tengo a mi Cristina, se llama Jaqueline y si bien no agarra tanto para el lado culinario tiene una capacidad sobrehumana para imaginar con practicidad como ordenar la casa. También tiene iniciativa propia para las cuestiones domésticas (menos mal, porque si fuera por mí…) y ama lo que hace. A mí me emociona también la ayuda que me da y la disposición supergenerosa que tiene. Cuando soluciona algo sin decirme nada o me dice que la llame en cualquier momento si necesito algo por dentro se me pianta un lagrimón.
Febrero 16, 2008 a las 8:55 pm |
En toda casa con vida propia, siempre hay un perchero lleno de sorpresas y un cajón de “porquerías”. Si algo se pierde: “¿Te fijaste en el perchero? ¿Buscaste en el cajón de las porquerías?”.
También hay un duende-enanito-noséqué, que se divierte haciendo desaparecer la ojota, la llave, el teléfono, el diario, la tijera.
Así que F, no te preocupes demasiado y seguí viviendo con Q como dos adolescentes liberados… ¡sos muy graciosa!
¿Comés bananas porque te gustan o porque tienen potasio y toda esa historia?
Mariana: ¿¿polenta asada?? ¿¿¿una taza de lentejas POR DÍA???
Y esos patitos…
Febrero 16, 2008 a las 9:14 pm |
Estrella, me encantan las bananas. Se comen rápido y me dan mucha energía. Debe ser por el potasio y todo eso. O seré la mona Chita.
Acabo de volver del puerto de ver más patitos y gaviotas. Las fotos del post las saqué en otro atardecer en el puerto con mis amigos Gabi y Javier.
Hoy fui sola (Cristina quería venir pero me dijo que no tenía tiempo) y me quedé hasta que se hizo de noche. Fui a practicar cómo sacar fotos según las instrucciones de Gualterio Pulvirenti. Nada de cámara en automático. Le cambié los settings y usé un trípode. Es mi clase 1 de fotografía. Veremos qué pasó. Todavía no las vi, no me animo. Seguro que me salieron todas mal. Si son buenas, mañana pongo algunas. Fue un atardecer espectacular.
Cristina hoy al mediodía cocinó canelones de champiñones y otros de acelga, morrones asados y pencas con ají molido. Para la cena está amasando para hacer empanadas de carne. No le gusta la masa comprada que se consigue en San Clemente. Nosotros, encantados!
Saludos a todos. En especial a Dasbald que estuvo calladito durante mucho tiempo!
Flavia
Febrero 17, 2008 a las 1:28 am |
estrella, las lentejas las necesito diariamente para reempazar el hierro que no consumo en la carne. igual nunca estuve anémica, pero por si las moscas…
la culinaria vegetariana es asquerosa para los demás, comemos cosas raras, mis amigas dicen que cuando ven mi plato no saben si es para el perro o para mI….
un verdadero sacerdocio el nuestro. yo el plátano no me lo banco mucho, salvo verde y frío, pero es muy nutritivo y si haces deporte o danza, es indispensable.
la polenta asada o frita es una delicia, probala bien sazonada con tomillo y laurel. verás qué rico.
Febrero 18, 2008 a las 8:59 pm |
¡Qué Amiga! Vale la pena algunos de sus excesos como eso de querer airearles y acomodarles la ropa; pero hay que tener mucho amor para preparar todas esas delicias. Cuando se vaya Cristina me gustaría leer otro relato tuyo, Flavia, porque es casi seguro que volverá a reinar ese “caos” pero también habrán de extrañar esos gestos amorosos.
Febrero 18, 2008 a las 9:08 pm |
Jorge, justo se acaba de ir Cristina. Pero prometió volver a visitarnos para Semana Santa. Recién acabamos de volver de la estación de micros.
Antes de irse me explicó cómo tenía que guardar la sopa del puchero, que recordara que había cebollas y papas en no sé dónde, y dos empanadas en la heladera. Es una genia. Una ecónoma sin igual. Para que no la extrañemos esta noche, nos dejó las ollas preparadas, listas para calentar con las sobras del puchero que hizo hoy al mediodía.
Y lo de la ropa no fue ningún exceso. Me conmovió profundamente que alguien se preocupara tanto por mí. Es una gran amiga.
Besos,
Flavia