No me banco las hormigas

Solos frente a la naturaleza

por Flavia de la Fuente

Con Q empezamos mal el segundo año de LLP. Van unos cuantos días y no publicamos un solo post. La lectora anda sola, sin nosotros, sin Tomás. Sigue su ritmo. Parece que los chicos crecen. Así que hoy, aunque sea para romper la racha, voy a escribir algo. Es que últimamente ni siquiera leo. No hago nada más que disfrutar del verano y de la compañía de las visitas que comenzaron para Navidad y que no se detendrán hasta que llegue marzo. La rutina playera y la compañía humana son los archienemigos de los blogs y del trabajo. Pero, pese a todo, la vida fluye, y siempre ocurren hechos imprevistos como el que les voy a contar hoy, aprovechando que todavía no tengo invitados nuevos con los que distraerme.

 

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Una de las pocas cosas que me gustan de Buenos Aires es vivir en un departamento donde no hay insectos ni arena ni viento. Todo parece limpio, impoluto, inanimado. Sí, ya sé. La ciudad está plagada de ratas, cucarachas, murciélagos, hollín. Buenos Aires queda muy lejos del paraíso. Pero vivir en plena naturaleza, que es lo que elegí, tiene sus inconvenientes y sus continuas sorpresas.

La naturaleza, además de ser bella, ensucia. Toda mi ropa tiene arena o barro. Las sábanas se llenan de arena, mis pies están limpios solo cuando salgo de la ducha. Si no, siempre tienen arena. Porque las zapatillas tienen arena incrustada de aquí a la eternidad, por más que uno las lave a mano o en el lavarropas. Entonces, si uno se pone medias, también las medias se contaminan de arena y, a través de los poros de la tela, los pobres pies siempre vuelven a enarenarse. Es así. Aunque no hay que quejarse. Debe ser peor aún en la Patagonia, con esos vientos que no tienen piedad ni pausa.

Para mitigar el efecto de la arena e impedir que la casa se convierta en un médano, Q y yo vivimos como japoneses. Cuando volvemos de nuestras caminatas, nos quitamos los zapatos enarenados y los dejamos en el pasillo de entrada formando una extraña fila que los visitantes miran con curiosidad. Una hilera de zapatillas 44 y 37 es lo primero que se ve cuando se entra a nuestra dulce morada. Pero no solo molesta la arena…

Uno también se cruza con insectos rarísimos y hasta vi pasar por la puerta ventana que da al jardín algunos amenazantes mamíferos, como la comadreja que se trepa alegremente al eucaliptus de tronco grueso e inclinado del fondo de casa. El primer día que la vi, solo de costado, me gustó. Sí, me gustó la piel. Me cayó simpática. No sabía de qué animal se trataba. No había podido verle la cara, pero mientras corría por el patio alcancé a verle la cola. Y eso la hacía demasiado parecida a una rata. Ya no me hizo tanta gracia. Pero pensé, ese es el precio que hay que pagar por estar a 30 metros del mar. Y bueno, hay que convivir con las comadrejas. Hay cosas peores.

Además de comadrejas, por mi puerta reja pasan miles de gatos. Este año a una gata se le dio por elegir nuestro jardín como sala de partos. Así que tuvimos como 5 gatitos negros y otros atigrados. Y los gatos tampoco me gustan. Hacen pis y caca en el césped que luego se me pega en la suela de las zapatillas, que ya tenían bastante con la arena. O bien me encuentro apaciblemente leyendo en el jardín cuando un olor extraño me distrae y después de indagar por los alrededores me doy cuenta de que me senté sobre las heces de los mininos. Y también transmiten miles de enfermedades y me pisan las plantas. Otra vez, demasiada naturaleza. ¡Ah! Me contaron que las gatas tienen, en un solo parto, hijos de distintos padres. Casos y cosas de la naturaleza.

Hacia mediados de diciembre empezamos a ser invadidos por las hormigas. Las muy vivarachas eligieron como lugar de trabajo nuestra cocina. Por ese entonces, la cosa no era tan grave. Así que le dijimos a nuestra amiga Cristina, que llegaba a casa el 23 de diciembre, que se viniera munida de todas sus armas orgánicas (Cristina es una fanática de los microorganismos y odia los venenos químicos) para combatir a las pequeñísimas hormigas que nos estaban acosando. Pero la misión de Cristina fracasó. Es más, creo que con la cosa que les puso las engordó. Cristina se fue el 2 de enero y desde entonces las hormigas ya han construido cuarteles, lavan los platos y andan lo más campantes por todos lados. Otra vez más. Hay que respirar profundo y tratar de convivir con la naturaleza. Porque a mí me dan miedo los venenos. Me da miedo que me den alergia, me da miedo que contaminen la comida. En fin, prefiero las hormigas al Raid, de puro aprensiva nomás.

Y ya que estamos con las comparaciones prefiero las cucarachas o las arañas gigantes a las hormigas. Hace un semana hubo una invasión de cucarachas voladoras. Yo me enfrenté con varias y logré asesinarlas de un pisotón. Es un poco asqueroso pero es así. O uno las pisa o tiene que dormir con la cucaracha en la pieza. Aunque también uno puede pensar que hay miles de cucarachas ocultas en los rincones de la casa y ni les cuento en el sótano y entonces decidir llevar una vida en convivencia pacífica con esos arcaicos insectos.

Una noche, mi enfrentamiento con una cucaracha gigante falló. Yo estaba muy cansada y temí que la lucha terminara con mi vida. Que por perseguir a la cucaracha me rompiera la cabeza o una pierna. Así que una vez que desapareció de mi vista, desistí y la dejé vivir su vida. Pero la muy maldita se había metido debajo de la cama. Y qué se le va a hacer. Me estaba desmayando de sueño y me fui a dormir con una compañera de cuarto nueva. Pero a Q no le hizo ninguna gracia. Se quedó despierto hasta tardísimo y, según me contó Gabi, a la noche tarde, cuando Javier hizo un ruido fuerte con algo, Q le preguntó ansioso: “Javier, ¿mataste la cucaracha?”. Pero Javier no había matado ninguna cucaracha, así que Q siguió despierto hasta que el sueño lo sorprendió sentado en un sillón.

También me enfrenté con una araña muy grande y gorda. Estaba en la cortina de la puerta ventana que da al jardín. Era enorme. No es que yo sea valiente. Es más, soy la reina de los pusilánimes. Pero acá se trataba de un asunto serio. Rápidamente evalué la situación. Si no la mato, me tengo que ir de mi propio hogar. Es un caso de supervivencia: la araña o yo. No me pienso ir a dormir con una araña de ese tamaño suelta por mi casa. Por lo tanto, o la atrapo o vamos a tener que evacuar la Sede Central. Así que la sujeté todo lo fuerte que pude con las telas de la cortina y grité: “¡Vení, Osi! Tengo una araña monstruosa entre mis manos.” El valiente Q, que no les tiene tanto asco a las arañas como a las cucarachas, vino armado de una zapatilla. Yo solté la cortina, la araña un poco atontada cayó y Q la pisó. Fin de la araña y todos tranquilos.

Esas arañas no hay en Palermo. Eso me da nostalgia de mi viejo barrio. También me da nostalgia no ver nunca más a Charlie García que vive a una cuadra de mi ex departamento porteño. Pero los animales de la costa me siguen hasta Palermo. A veces, hasta aparecen insectos raros en el departamento de Billinghurst y Charcas de mi mamá cuando Q y yo vamos a pasar unos días. Una mañana mi vieja me dijo que entre mi ropa había encontrado una oruga negra horripilante. Parece que ando acarreando por el mundo a los hijos de la naturaleza.

Pero volvamos a las hormigas, que es el tema candente. Tan candente que tenemos anulada la cocina. Resulta que las muy malditas ya se organizaron. Invadieron la alacena, salen de adentro de los azulejos, de los tomas de luz y son millones. Finalmente, pese a mi reticencia, echamos veneno. Bah, Pita echó veneno. Se puso guantes anaranjados y trajo una botella con un líquido de color lechoso. Todo me da asco. El olor era horripilante pero creo que, lamentablemente, las hormigas no pensaron lo mismo. Se murieron de risa del veneno y seguían paseando por el lavaplatos, el piso, por todos lados. Tuvimos que guardar el azúcar y las galletitas en la heladera, barrer cada miguita insignificante (lo cual es imposible) porque en cada migaja perdida se producían amontonamientos aterradores de hormigas. En fin, las temibles hormiguitas nos estaban tomando la casa. Aunque por ahora, la batalla solo se libra en la cocina.

Ayer, muertos de angustia, consultamos con los lugareños. A nadie se le ocurría una solución. Finalmente apareció Pita con un invento. Compró esa jeringa con gel anticucarachas y lo puso en los huecos de los azulejos. Pita pensó: “Si esto mata a las cucarachas, debe matar a las hormigas que son mucho más chiquititas.” Y nos previno: “Pero no se les ocurra cocinar nada al vapor porque se va a derretir el gel.” Y yo le contesté contenta: “¿O sea que hoy no puedo hacer fideos?” Por suerte me contestó que no. Así que Pita puso el nuevo producto y nos dedicamos a esperar el devenir de los acontecimientos. Por supuesto, no cocinamos nunca más. De hecho, yo había propuesto clausurar la cocina para siempre. Sellarla con hormigón y listo el pollo. Basta de hormigas. Una solución simple y limpia. Además, con eso mataba dos pájaros de un tiro: liquidábamos (o más bien encerrábamos) a las hormigas y no teníamos que cocinar nunca más todos los días. Estaría bueno vivir en una casa sin cocina. Me daría por satisfecha con una hornalla para hacer café o té. Es una idea muy higiénica. Pero no sé por qué a Q esta brillante idea no le hace mucha gracia.

Hoy nos levantamos temprano. Fuimos a caminar por la playa a las 8 de la mañana. La luz era preciosa, el viento norte duro como siempre. Llegamos a casa y decidimos inspeccionar la cocina. Las hormigas habían desaparecido. Parece que eso del veneno para cucarachas es la posta. Por las dudas, seguimos comiendo afuera o pidiendo delivery hasta que se libre la batalla final que no sabemos cuál es. Pero no cantemos victoria: la lucha continúa.

Foto: Flavia de la Fuente

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38 comentarios to “No me banco las hormigas”

  1. estrella Says:

    Ya me estaba inquietando porque no aparecía ningún post de F, contando la dulce cotidianeidad.

    Ya que hablás de que los chicos crecen y de que LLP anda sola, ¿quién es Andrea? Me parece que nadie la presentó.

    A las hormigas: no hay con qué darles, se ríen de los productos caseritos y ecológicos, hay que atacarlas con toda la artillería química disponible, lo demás es puro verso.

    A las cucarachas, con el pisotón.

    Ah, qué bueno una casa sin cocina y, por lo tanto, sin supermercado, sin cacerolas ni sartenes, ni detergentes o repasadores. Ahora que estoy por empezar con la CF, quizás encuentre un mundo idílico, sin ollas pegoteadas ni pilas de platos amontonados.

    ¡Suerte con las hormigas!

  2. rouse cairos Says:

    Genial la idea de la jeringa y el gel matacucharachas! Ya mismo la implementaré en Colastine Norte donde las hormigas anidan en el techo y el cielorraso de madera. Por unas grietas caen desde arriba permanentemente hojitas como si en vez de un techo hubiese un árbol. Además las descripciones de la arena en los pies y en los objetos son tal cual, siempre es lo que más extrañé desde que dejé la vida urbana, por períodos para vivir en ese pequeño y delicioso lugar de la costa santafesina. Apenas aprenda cómo hacerlo enviaré fotos del bucólico lugar que está lejos del mar pero cerca del río marrón, el que canta el rosarino Fandermole.

  3. pikulin Says:

    arroz en elcamino de las hormigas,avispas para las arañas y demás. Q, si seguís moderando yo les digo chauchinas. Ya, seguirle el hilo a ésto es una tarea tetatónica.

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Estrella, no sé quién es Andrea. Mandó un post al correo de LLP y allí está. Escribiendo a lo loco. Pero no sé de ella más de lo que sabés vos.

    Rouse, este año estuve en Colastiné Norte en lo de Marlilyn Contardi y me encantó. Espero volver pronto.

    Gracias por los consejos,

    F

  5. pikulin Says:

    pero debo una corrección:
    {
    … bmw de hamburgo, pero el lapso desde juventudes fue grande, qui lo say ?
    Magari
    Hace rato que trato de simplificarme la vida, no lo logro, nuevo intento.
    Los felicito a todos, y un saludo cordial a los dueños de casa.
    Tiro el repasador, me estoy cagando de calor.

  6. Janfiloso Says:

    Mi teoría fue siempre la de la doble moral : “ojos que no ven, corazón que no siente”; en un viaje a Baires coordinás con un fumigador que pone venenos de todos los tipos y contra todos los bichos cuando vos ni estás ni te enterás; tenés que guardar los platos, los cubiertos, todo, pero no queda ni un bicho por digamos bastante tiempo.

  7. medusa Says:

    los gatos son hermosos, los amo, debo ser una persona gatuna como dice estrella; y si, lo de distintos padres de una misma camada es verdad, por eso se pelean tanto por las gatas, para seguir la especie
    tengo tres gatos: tiberio, Drusila y Blanchette
    y me intrigo lo de la comadreja, un ser muy fotogenico, no?

  8. Janfiloso Says:

    ya que estamos, te cuento que el miembro viril erecto del gato tiene forma de paraguas, por eso lo de la gata flora, porque cuando entra grita y cuando la saca, llora; ! dato relevante ¡

  9. emeygriega Says:

    Flavia,
    para tu alivio: en pleno barrio river, en Nuñez, encontré:

    1) en mi cortina de baño un araña enorme, peluda, suave como Platero.
    Pensé que mi novio me la había puesto en joda, que era un chasco, pero se movía y era humana
    Estaba sola y salí a la vereda a pedirle al sr. Manliba, chaqueño él, que venga a cazarla. Lo hizo sin matarla, la guardó en una bolsita porque quería mostrársela a sus hijos :nunca había visto nada igual.

    2) caquita de rata, las dos UNICAS veces que por los calorones porteños dormí con la ventana de la cocina semi abierta (todavia no había comprado mi split, alabado sea el señor), Por suerte fueron turistas accidentales, nunca mas aprecieron sus popis.

    3) un montón de gatos , como ocho, de todas las edades y colores huyendo de debajo de mi cama, mientras los dos bulldogs marmotas, dueños de casa, dormían con la lengua afuera, tipo Chopper.
    Se ve que esa noche, se metíeron por las rejas del garage para comer los restos de los platos caninos, y de onda, les copó la casa y les pintó dormir en plácido rebaño bajo mi cama. Juro que es cierto y que no uso drogas.

    Así que seguí disfrutando tu linda vida playera, con su fauna autóctona, que aquí en la urbe los mosquitos son hipopótamos y las cucarachas, ay, ya vienen hasta estampadas, como atigradas, parecen comadrejas. Y con ellas, de verdad que no puedo, me hacen llorar.
    Ahora mi casa tiene mosquiteros en todas las aberturas, querida.
    Ah, no, conmigo no se van a meter.

  10. Ana Coluto Says:

    Esclavos, lo que necesitás son esclavos. Santo remedio. Saludos. Ana.

  11. estrella Says:

    Janfi, estás muy inspirado hoy (lo de: “¿terminamos? yo sí, prendete un pucho”, estuvo muy bien), ¿qué bicho te picó?

  12. Janfiloso Says:

    una sutileza veraniega Estrella, pero sólo vos la viste;
    están llegando todos Estrella.

  13. Carlos Says:

    Otro alivio para Flavia.
    En pleno Montevideo, me pasó algo bastante feo en un apto que era de mi abuela y que estuvo deshabitado por años. Antes de instalar ahí una compu y un escritorio fui a ver como estaba todo y me encontré con bichitos muy pequeños, casi del tamaño de un sanantonio. Pero estos no tenían colores. Estaban en la cocina. Miro de cerca y veo que su forma era similar a otros insectos bastante detestados y asquerosos. Miro más de cerca y … eran cucarachas bebé! Levanto una bandeja y salen una cantidad impresionante de estos insectitos. El apto estaba repleto, cocina, baño, sobre todo. Me llevó un buen tiempo liberarlo de la invasión. Capaz que esto es normal, pero nunca había visto cucarachas tan chiquitas y en tanta cantidad.

    También me pasó otra cosa bastante desagradable. Hace más de 15 años agarré una perrita, una cachorra abandonada en plena calle. Empezamos a desparasitarla y le dimos algo contra las garrapatas que tenía y muchas. Nos fuimos a dormir y la dejamos en el living, no teníamos otro lugar. Me costaba dormir y bajé a tomar algo, era pleno verano. Prendo la luz del living para ver cómo estaba nuestro nuevo huésped y cuando miro para el costado noto que la pared está llena de puntitos negros. Las garrapatas habían dejado a la perrita y se dirijían en busca de nuevos horizontes. Llamé a mi madre y -luego de hacer un pacto de silencio para que mi padre no se enterara- pasamos el resto de la noche matándolas. El método para evitar cambiar el blanco de las paredes y del piso por un rojo garrapata (estaban gorditas) consistió en utilizar una pinza de cejas para agarrarlas y luego con un encendedor las quemábamos y tirábamos a un balde.

    Ah y desde hace unos meses, Montevideo está viviendo una invasión de murciélagos increíble. Se meten en las cajas de las persianas. Las autoridades sanitarias le están haciendo análisis a los murciélagos para determinar si tiene o no rabia.

  14. Claudia Di Poi Says:

    Me identifico mucho con esta nota, me mate de la risa porque yo pienso y siento lo mismo con los bichos de todo tipo, no soporto a ninguno, ni grande ni chiquito..no me los banco!!!!grito y me pongo loca cuando veo una misera cucaracha…,es mas un dia tuve un raton muy chiquito y llore tres dias sin parar como si tuviera 5 años, mi marido no lo podia creer…pero yo no podia con la aungustia de saber que ese bicho estaba en mi casa….que horror!!! ,me encanta el mar y la naturaleza pero seria todo mas hermoso en esta vida si no existieran los bichos y todo fuera limpio y sin olor!!!
    Suerte con las hormigas y ojala no vuelvan mas!!!!

  15. lalectoraprovisoria Says:

    Hola Claudia! Qué alegría que comentes en La lectora. Y para tu tranquilidad, y sobre todo la mía, las hormigas siguen sin aparecer!!!! Ahora vivís en una casa en New Jersey o en un departamento, si es que eso existe?

    Gracias por los consuelos.

    emeygriega me hizo acordar de que tengo que poner mosquiteros. En cualquier momento vuelven y serán millones.

    Y cómo olvidar los murciélagos de Buenos Aires. Durante casi 15 años conviví con ellos en la redacción de El Amante, en Esmeralda y Córdoba. En los cierres veraniegos dejábamos las ventanas abiertas y recuerdo una vez que entró un pobre murciélago en el departamento. Gabriela salió corriendo tan asustada que se golpeó. El murciélago casi nos mata, pero de susto. Gabi y yo nos recluimos en un cuarto mientras Q y Jorge García trataban de cazar al asustado animalito.

    Y también me pasó lo mismo que a Carlos con las cucarachitas. Una vez, nos mudamos con Q a nuestro segundo departamento. Después de vaciar todos los canastos nos fuimos a comer algo. Volvimos, prendimos la luz y estaba todo el suelo cubierto de cucarachas chiquititas. No sé cómo hicimos para dormir, pero nos quedamos. Nos llevó mucho tiempo erradicar las cucarachas. Pero al cabo de unos meses lo logramos!! También recuerdo una escena horripilante. Yo me había quedado estudiando en el living y Q se había ido a dormir. Voy a la pieza y veo a Q durmiendo y junto a su cara un cucaracha gigante apoyada también cómodamente en la almohada.

    Bueno, no sigo porque voy a tener pesadillas.

    Saludos a todos,

    Flavia

    PD: Janfi, hoy me hiciste reír a la mañana con tu chiste. Y lo del gato es un dato clave para mi vida. Ahora entiendo por qué además de arruinarme el jardín me tengo que aguantar esos lamentos gatunos. Merci!

  16. estrella Says:

    Las hormigas me las banco, pero estos cuentos de cucarachitas bebés y garrapatas de colores me están
    matando.
    (Janfi: se te acaba la joda! Mañana llegamos).

  17. emeygriega Says:

    Y perdón, no quiero dejar de advertir a los amantes de los animales, como Medusa y yo, que se cuiden mucho de LAS MOSCAS, ya lo dijo alguien muy inteligente aunque a Q. no le simpatice: Jean Paul Belmondo.

    Ojo, porque meten larvas en las heridas de nuestros perritos y mimichos, y sonaste: en el mejor de los casos los curás con curabichera para vacas, pero si llegás tarde, los gusanos cavan fosas interminables, a mi bulldoguita le pasó y desde entonces las moscas sartreanas y las de la fruta, son mis enemigas.

    Bon apetit para todos.

  18. lalectoraprovisoria Says:

    Perdón, acá hay una confusión. A mí el que no me simpatiza es Jean-Paul Sartre. No tengo nada contra su tocayo Belmondo.

    Q

  19. emeygriega Says:

    Yo simpatizo con Sartre, gusto muuucho de Belmondo y gustaba bastante de su clon Sarkozy, pero pinta medio bobi y elegir a Carla Bruni, me lo tiró por el piso.

  20. Hernán Says:

    La foto es espectacular

  21. Carlos Says:

    Aclaro que las garrapatas no eran de colores como los pecesitos. Las garrapatas estaban piponas y de ahí que si uno las mataba contra la pared la misma quedaba indefectiblemente manchada de rojo sangre.
    Y si, reconozco que hay algo truculento en las cucarachas bebé, aunque son más tiernas que las cucarachas maduras, hasta no parecen cucarachas.

  22. estrella Says:

    Me voy de vacaciones.
    Dejo acá mi computadora, snif.
    Saludos y hasta la vuelta.

  23. Carlos Says:

    Otro consuelo para Flavia. Hoy a las tres de la mañana, inundación!. Empezó a llover pila y mi casa siempre se inunda, sobre todo el garage y más que nada con las primeras lluvias del verano. El problema es que está ubicada entre dos lomas, como en una desembocadura y se forma una especie de piscina en el frente que abarca vereda y calle. Debe ser la primer vez que una piscina le baja el valor inmobiliario a una casa.
    Hubo veces en que vi pasar autos flotando y muchas veces el agua llegó a entrar casi hasta las rodillas. La sensación es muy fea porque uno no sabe cuando va a parar de entrar y cuando entra lo hace con una rapidez increíble. Agua negra y sucia además.
    Aunque hacía como 2 años que no se inundaba uno piensa que está acostumbrado. Pero en el momento en que empieza a entrar, cuando se ve esa masa de agua bloqueando la entrada y la calle y uno sin bote, es difícil controlar los nervios. Más si uno está viviendo solo. Y, solo, uno demora más en sacar cosas del piso para que no se mojen.
    Por suerte, el garage fue lo único inundado, cuando estaba a punto de entrar a la cocina paró de llover.
    Gajes de la vida en ciudad.

  24. lalectoraprovisoria Says:

    Pobre Carlos! Las inundaciones son tremendas. A nosotros también se nos inundaba un departamento en planta baja. Yo no podía ante el poder de las aguas. Pero Q se arremangaba y sacaba el agua. Pero después tuve que sacar la alfombra, se pudrió el parquet, en fin todo lo que imaginan.

    ULTIMO MOMENTO. Las hormigas volvieron a agujerear la pared. Por ahora solo vi una. Pero está el agujerito. Habrá que poner más gel o llamar a un pastinador de azulejos. Socorro!

    Flavia

    PD; Felices vacaciones, Estrella! Te vamos a extrañar por acá.

  25. Carlos Says:

    Gracias por la solidaridad Flavia. Necesitaba contarlo, casi escribo a las 5 de la mañana pero estaba tan cansado después de sacar el agua y limpiar un poco que me fui a acostar. Igual no pude dormir porque te quedás pensando si no vendrá otra andanada. Cuando era chico era mi viejo el que se arremangaba y salía a destapar la boca de caño (acá le llamamos así a los desagues que hay en los cordones de las veredas). Era mi héroe en esos momentos, se metía en medio de esa piscina con el agua por arriba de las rodillas. En los últimos años me hacía de director técnico y yo me mandaba inspirado por sus hazañas anteriores. Yo quería demostrar que lo hacía bien, quería que estuviera orgulloso. Falleció hace poco, pero es como si estuviera. No puedo dejar de pensar que haría el en estos casos.

    Hormigas supimos tener también. Mi viejo utilizaba veneno y a mi me ponía igual de nervioso que a vos. Pero ahora por suerte no hay, bueno después les cuento, porque con el agua que entró…

  26. JorgePayador Says:

    F y Q hay un producto que se llama Hortal y que es el único con el que pude derrotar a las hormigas. Consulten en un vivero o en una forrajería de por allí.
    Estrella, Muy Buenas Vacaciones.
    Carlos, esperamos que no haya hecho demasiado desastre el agua pero todos los que hemos padecido algún tipo de inundación urbana podemos entenderte. Pero no hay otra que, como tantas cosas en la vida, ponerle el pecho a las balas. Suerte.

  27. Carlos Says:

    Gracias por al ánimo JorgePayador. Por suerte quedó todo concentrado en el garage y se está terminando de limpiar.

  28. medusa Says:

    las hormigas agujerean tu pared ¿son hormigas o termitas?
    Sì, sobre el chiste de janfi, algo de eso hay, lo estudie en un libro sobre gatos, no se si es exactamente la forma de un paraguas, pero mas o menos
    las garrapatas son los seres mas bajos, tuve que fumigar aca en entre rios porque habia unos perros del vecino que me dejaron esa maldita plaga

    Saludos Estrella, Felices vacaciones!
    Sil

  29. enana vieja Says:

    A la noche cuando me acostaba, leía con la luz de un velador. Volaba una polilla muy grande, de esas que parecen mariposas. A mí me parecía que la aumentaba de tamaño la luz del velador. Iba de un lado para el otro.
    Todas las noches por mucho tiempo pasó lo mismo. Un día me despertaron los gritos de Esther.
    Me levanté y vi que estaba al lado de ella el encargado de la casa. Detrás de un cuadro había
    encontrado un murciélago. Pero en realidad no era un murciélago. Era mi mariposa nocturna. La vi achatada contra la pared. Parecía una película de terror, la sangre corría por la pared.

  30. Carlos Says:

    Enana vieja, lograste asustarme. Tu relato tiene un aire similar al “Almohadón de plumas” de Horacio Quiroga.

  31. Mónica ( alías Janis) Says:

    Veamos, hablando de insectos…En lo que a mi refiere las hormigas me “caen bien”, son laboriosas, recuerdo en mi mas tierna infancia ayudarlas con su terrible carga, cuando veía la fila de una pobre que cargaba en la retaguardia una hoja que superaba su peso, sacarsela de encima, en el jardín de mi casa paterna ( la misma que compartimos con mi prima hoy Claudia Di Poi, para mi Claudia Gutierrez), y ponersela a la primera de la fila, solo para que ahorraran esfuerzo y tiempo. Cuestión de solidaridad vió?. Ahora en cuanto a otros insectos, la cosa cambia. Las arañas no me producen tanta repulsión como las cucarachas. Quizás tenga que ver con mi “encantadora madre”, quién se encargó de hacerme la vida imposible en más de un sentido…me contó la historia de una persona que mientras dormía se le metió una cucaracha en la oreja, lo que hace que cada noche cuando me vaya a dormir me tape dicho orificio con mi pelo…En fin, que si hay una araña dando vueltas me puedo dormir, pero una cuca?, no me duermo hasta que la atrapo!!!. En cuanto a bichos de ciudad y aledaños, me quedo con los que puedan aparecer cerca del mar, lugar al que pienso irme a vivir, más me cuesta convivir con otros en Palermo Soho donde radico en la actualidad, que tienen nombre y apellido y que por cierto me dan más pavura…

  32. Carlos Says:

    A mi me pasaba lo mismo con la carga de las hormigas (que no es el título de la segunda parte de Ants). Me emocionaba la fuerza que mostraba un animal tan pequeño. Pero sacando eso la hormiga no es un insecto que me genere demasiado afecto.
    Mi problema siempre han sido los mosquitos. Tengo un jardín con un rosal y siempre se llena. Además debe tener algo especial con los mosquitos porque, a veces, me pican a mi y no a otros que están en el mismo lugar. Bueno, una probabilidad de que esto pase siempre hay, pero me ha pasado seguido (escuché una explicación acerca de tipos de sangre y una supuesta atracción de los mosquitos, en fin, no sé que asidero tiene).
    Pero lo que siempre ma llamó la atención es el ataque nocturno de los mosquitos, la carga nocturna mosquitera. No les parecen aviones que caen en picada iiiiiieeeeeeun!, como un ataque de bimotores de la segunda guerra mundial pero sin metralletas ni bombas, con aguijones. Uno trata de conciliar sueño y se viene el zumbido. Casi imperceptible al principio, se va haciendo cada vez más fuerte hasta sonar al lado de la oreja, momento en que uno, luego de proferir algún insulto alusivo, estira el brazo para desviar al Stuka (los Spitfires y los Hurricanes eran de los buenos). Hay veces en que los mosquitos son como kamikazes. Me ha pasado que, luego del zumbido que se acerca, siento un roce, casi un golpe leve en la cabeza y el zumbido se detiene abruptamente. O son kamikazes o es bravo volar en la noche.
    Claro, uno, para salvar la mayor parte del cuerpo del ataque, se tapa hasta la oreja y a veces pasando la oreja. Entonces todo la carga se concentra en la cabeza, parece que supieran.

  33. Rouse Cairos Says:

    Oh! me entero recién ahora que volvieron las hormigas a la casa de Flavia, a pesar del gel. Yo lo tenía anotado en mi lista de compras porque no es fàcil de conseguir en Colastiné. Sii, yo también comí una vez asado en la casa de Raúl y Marilyn que fueron mis profesores en el taller de cine! viven a unas 15 cuadras de arena de mi islaverde.
    Ah, les recomiendo fijarse antes de poner insecticidas qué es lo que quieren combatir. Miren si las hormigas son chiquitas y rojas, esas son carnívoras y ordeñan pulgones, no comen las plantas. Las enemigas son las negras grandes llamadas “podadoras” que insaciablemente comen los brotes y en mi casa anidan en el entretecho porque nunca quiso mi marido (tan ecologista) fumigar con Tòxicos porque dice que después las principales víctimas somos nosotros. Pero como ahora estoy sola voy a fumigar en cualquier momento pero con piretrina o algo parecido.

  34. JorgePayador Says:

    Hortal; es lo mejor que hay.

  35. Rouse Cairos Says:

    Hortal es una marca de hormiguicida? Es fosforado?

  36. JorgePayador Says:

    Sí es un hormiguicida. No sé si es fosforado. En la información no dice nada acerca de si es un fosforado.

  37. Rouse Cairos Says:

    AH, gracias por contestar. Ahora que tengo una marca recomendada, averiguo por ese lado, porque si es fosforado es de cuidado y hay que utilizarlo con muchìsimas precauciones.

  38. JorgePayador Says:

    Bueno, si es fosforado avisame porque yo entiendo poco de esas cosas. Igualmente a todos esos productos los manejo con mucho cuidado.

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