Diario de Bolivia (IX)

Tarija, septiembre de 2007

por Eduardo Montes-Bradley

En lo que va de “Roxana te amo” a “Te quiero Jhoana” se juegan los residuos de argentinidad en perfecto estado de descomposición. Hay un abuso cordial del “amo” entre los argentinos y quizá asumí que por ser boliviano Ramiro iba a preferir lo uno a lo otro: el amor a la voluntad. Pero no, Ramiro sabe lo que quiere:

I need you baby, and if it’s quite all right,
I need you baby to warm a lonely night.
I love you baby.

Las palabras tienen su peso. Los besos tienen su peso. En Argentina se ama y besa mucho, demasiado para mi gusto. La llegada de un comensal al lugar donde están cenando una veintena de amigos deriva en una ceremonia cruel en la que todos deben levantarse para besar al recién llegado. Cansa. Cansa tanto beso. Los hombres se besan. No ya los amigos, los que recién se conocen. Cualquier idiota te besa por cualquier causa y cualquier tilinga ama lo que fuera: amantes o zapatillas.

Lo que está allí abajo es Tarija de noche. El humo parece haberse disipado. Tarija está acercándose demasiado. Veo autos, personas. No creo que esto sea algo normal. Alguna vez, aterrizando en el antiguo aeropuerto de Hong Kong, le vi la cara a una señora que lavaba los platos en la cocina. En Hong Kong la pista podría haber sido la avenida 9 de Julio y los enormes boeings con cuatrocientos pasajeros aterrizaban entre los edificios. En Tarija no hay grandes edificios pero el avión se está acercando demasiado a los que hay.

 

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Timoteo

 

En alguna oportunidad le pregunté al padre de Beimar Mamani en Lower Flowers si existía alguna palabra en quechua que identificara al padre que había perdido un hijo.

Timoteo pensó.

“Mana-oyo ujs kidani”, dijo convencido de lo que estaba diciendo. Y repitió: “Mana-oyo ujs kidani”.

En realidad no existía una palabra, sino tres, casi cuatro. Si en quechua hacen falta cuatro palabras para definir la condición de un padre que perdió un hijo, cuántas palabras hacen falta en castellano. Es una regla de tres-compliqués. Lo cierto es que no hay. Algo parecido sucedió con los hijos que perdieron a sus padres y no así a sus madres. Primero desaparecieron los primeros, después los segundos y quedaron sólo madres.

Muchas madres, más de una: un infierno.

Se sabe de sus madres, pero ¿adónde van los padres de los desaparecidos cuando desaparecen? ¿Por qué no hay?

¿Adónde los abuelos?

Las madres son como cucarachas que se multiplican a la salida de los colegios, en las plazas públicas. Es mentira que haya una sola. Las madres son una corporación que te pretenden con vida para poder seguir ejerciendo. Por eso el reclamo de que salgas abrigado, de que comas todo lo que te sirven en el plato. Si te pasa algo, ellas dejan de ser madres y la posibilidad les resulta inadmisible. Los padres no son tan severos. Los “padres” incluso las contemplan; las madres son ellas solas. Hay madres entre los padres pero no padres entre las madres.

No hay padres en La Plaza. No hay abuelos en La Plaza. La plaza acaba de parar bajo las ruedas del avión. La plaza de Tarija. Muy cerca. En cuestión de segundos… Y nada. Llegamos y ni señales de Jannine.

Tarija tiene dos plazas. A una le llaman el tontódromo. Dicen que los tontos se pasean dando vueltas en sus cuatro por cuatro, mostrando lo que valen, lo que tienen. Los novios también se pasean en carruaje por el tontódromo cuando se casan y la gente los saluda desde las mesas del Gatopardo donde sirven pejerreyes del Titicaca y un buen café. A la otra plaza le llaman el yeguódromo. Dos plazas tiene Taija.

“Mana-oyo ujs kidani”, dijo Timoteo en su cuarto del Lower Flowers. Ahora entiendo dónde estuve. Antes no. Ahora estuve en Potosí y entiendo que para llegar al cuarto de Timoteo en el Lower Flowers hay que buscar la boca mina sobre la avenida frente a la cancha de San Lorenzo. Buscar la boca mina y dejar algo en la entrada para el Tío Jorge, para que el Tío Jorge no te coma y te deje seguir viviendo. Algo para el Tío Jorge o para el cura Adolfo.

El Tío Jorge de la villa es el Cura Adolfo.

El cura Adolfo adora ídolos falsos. En su cueva de la 1-11-14, junto a la imagen de la Virgen hay una del cura Mugica. Yo conocí al cura Mugica. Era rubio y pesado como canapé de locro. No me importa si se ofende. Mugica era vanidoso e insoportable y esa sonrisa condescendiente de sabelotodo dispuesto a garantizarte un pedazo de eternidad en el paraíso peronista por tres días de militancia continua en la Villa 31 resultaba insoportable. Y el cura Adolfo idolatra al cura Mugica como idolatra a la Virgen. El cura Mugica también fue el Tío Jorge de una villa.

El cura Adolfo es el Tío Jorge.
El cura Mugica es el Tío Jorge.

Timoteo camina por los pasillos, se hunde en las escaleras, trepa por los andamios, se agacha para no golpearse la cabeza con una viga que quedó de apoyo entre dos pisos. Timoteo me pide que lo siga hasta su cuarto en la villa 1-11-14 y ahora sé que el recorrido es como el de los túneles del Cerro Rico. Ahora entiendo la disposición de las viviendas en la 1-11-14. Ahora entiendo la oscuridad, el celo, la premura, el rencor, el silencio, la estrechez de los pasillos y lo minúsculo de las ventanas que dan a patios cerrados donde la luz no es un elogio sino un misterio.

El cura Adolfo no entra a todos los pasillos y no todos van a su cueva sobre la avenida donde el cura Adolfo tiene una foto de Mugica, el rubio. Beimar Mamani nunca fue a la iglesia y yo vi cómo el cura se apropió de su muerte, de su cajón, de sus velas, de su entierro. El cura Adolfo es el Tío Jorge de la mina.

 

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Remy

 

Finalmente llegamos al cuarto de Timoteo, al fondo del pasillo, al final del túnel. Timoteo se sienta y yo le pregunto si existe alguna palabra en quechua para definir al hombre que perdió un hijo y él me dice “Mana-oyo ujs kidani”.

Tarija tiene mucho de La Habana. Tiene Pejerrey del Titicaca a la plancha y Pique a lo macho (me resisto). Tiene cerveza Huari Pilsener que dice en la etiqueta que viene “garantizada”, lo cual no es poco en estas latitudes. Desde el Gatopardo, frente al tontódromo, vemos pasar los aviones tan bajos como vimos de cerca la plaza desde el avión. Tiemblan los vasos de café sobre la mesa, tiemblan las tazas de café y las hojas de palma en las palmeras. En la plaza del tontódromo hay puestos ambulantes en los que venden jugo de naranjas exprimidas y previamente peladas. Empiezo a pensar que se trata de una causa nacional.

La camarera del Gatopardo es gordita y simpática, de esas gorditas que a uno no le molesta que sean gordas porque son rellenitas y apretables, exprimibles y pelables. La camarera del Gatopardo tiene una sonrisa espléndida.

No puedo creer que la azafata me haya traicionado por un piloto de una aerolínea sudamericana de morondanga. Jannine carece de sentido común.

En una de mis sentadas en el Gatopardo para ver pasar novios en carruajes y tontos en Hummer conocí a Marco Montellano. Marco tiene 24 años y dice que su madre es reaccionaria y que él apoya a Morales. No le dice Morales, le dice Evo. Me incomoda esa confianza. Marco es joven y tiene una novia tan joven como él a la que no le saca las manos de encima. Creo que Marco está profundamente enamorado de su novia o cree que vamos a secuestrarla. Marcos es un tipo inteligente, creo que ya lo dije y, según dice, no cree que la única salida de Bolivia pase por el aeropuerto pero entiende que la idea sea marcharse para regresar luego con algo. Marcos dice que por el aeropuerto se van los políticos ladrones, que la gente que busca sobrevivir se marcha a pie o en ómnibus y que la pasan muy mal en esos viajes pero que la recompensa está en el regreso. Quizá tenga razón. Marcos dice que el caso de Potosí es muy curioso: “Potosí siempre recibió inmigrantes, por lo menos durante los últimos quinientos años. Pero a mediados de los ochenta cae el precio del estaño y la plata y se desintegra la COMIBOL, que era la empresa estatal que llevaba adelante la explotación de las minas. Más de veinticinco mil personas perdieron sus trabajos y tuvieron que emigrar”.

 

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Félix

 

Eso explicaría en gran medida la 1-11-14,
explicaría Timoteo y Félix en Buenos Aires.

Amanece en Tarija. Hoy es mi último día. Salgo a caminar y me encuentro con una farmacia que anuncia que llegaron los “nuevos tensiómetros digitálicos”. Más allá una pintada:

Autonomía Carajo.

Me paro a leer el cartel y unas niñas que pasan tomadas de la mano camino al colegio me cantan para que yo entienda:

Auto, auto, autonomía
Auto, auto, autonomía
Auto, auto, autonomía

Se ríen cuando las miro y aprovecho para filmarlas y grabarlas. Es bueno tener niños con argumentos políticos en un documental. Le da un jenesecuá al proyecto que después los críticos elogian. Canten más fuerte, chicos, como si realmente supieran de lo que están hablando. Vamos.

De regreso paramos a comprar vituallas para el viaje de descenso a la última frontera: Bermejo. En el almacén compartimos una charla agradable con el que vende helados “Pajarito” y cerveza “Paceña” entre tantas otras ilusiones. El hombre que era muy creyente, blanco y bendecidor nos contó un par de cosas como para que nos quedara claro que Tarija no es Potosí y mucho menos La Paz. Tampoco Bucarest.

Nada se parece a Bucarest.

“Aquí en Bolivia todos estábamos a favor de la autonomía. Pero cuando fuimos a las urnas sólo cinco departamentos salieron favorecidos con la medida. Y después vino un arrepentimiento –si el término cabe–. Cochabamba y Sucre se arrepintieron de no haber optado por la autonomía como nosotros. Porque la autonomía es un gran paso para los pueblos. Por eso estamos luchando. Y vamos a salir adelante, Dios mediante, en la próxima constituyente. Vamos a ganar con el sí a las autonomías.”

Hoy es mi última noche en Tarija y hay luna llena. Hay un hombre en la plaza que con la ayuda de su telescopio (digitálico) vende miradas al satélite. Un boliviano, una mirada a la luna. No veo por qué no. Hay cosas que uno hace cuando está de viaje que jamás haría en el barrio. En lo que tardo en decidirme una muchacha se arrima, paga y ve. Me levanto despacio de la mesa del café, la única que queda dispuesta al frente del Gatopardo, para arrimarme y –sin que nadie me vea– quedarme viendo la luna como toda mina pelandruna.

“Toda mina pelandruna queda mirando la luna”

Hay algo que me hace ruido. Lo único que no necesito es que se sepa que anduve en Tarija mirando la luna,
enluneciendo,
mooning me out,
lunatizando.

La muchacha que me precede paga su boliviano y se aleja en la misma dirección en la que yo me acerco al telescopio digitálico. Son dos cuerpos en trayectoria convergente a punto de colisionar en órbita alrededor del tontódromo.

May Day! May Day!
EMB calling Houston!
Houston, please respond.

Estoy tan cerca de la otra nave que puedo verle la cara al comandante: es Jannine, la azafata traidora. Eye contact! Jannine me reconoce a tiempo como para conectar los motores de retropropulsión que la expulsan a vía geoestacionaria a esperar órdenes del malvado piloto. Creo que hemos evitado un desastre de proporciones. Los sensores en mi tablero de comando parecen haber vuelto a la normalidad.

“¿Adrenalina?”
“Normal”
“¿Constricción upitaria?”
“Normal”

Los cuerpos empiezan a distanciarse y la fuerza de atracción que nos llevaba a colisión segura empieza a disiparse. Operación “Evite a la azafata” ha sido un éxito.

La luna por el telescopio es una preciosura. Recomiendo la experiencia a cualquiera. El color de la luna es escalofriante. Es tal y como Cyrano consiguió imaginársela a mediados del XVII:

En la Luna, sólo los animales andan sobre dos patas, por eso confunden al viajero protagonista con un avestruz. Al utilizar las cuatro extremidades, los lunáticos miran al suelo con orgullo, pues así contemplan los bienes de los que son señores; la cabeza erguida de las bestias muestra, en cambio, su actitud suplicante ante el Cielo por depender de los cuadrúpedos. ¿Y su lenguaje? Existen dos idiomas: el que habla el pueblo y el de la grandeza. Este último es melódico y, en caso de afonía, la entonación puede suplirse con instrumentos musicales. Una aburrida conversación filosófica en la Tierra sonaría en la Luna como un armonioso concierto. El pueblo no da para tanto y se expresa mediante gestos y convulsiones. Unos y otros se alimentan del olor y, para que el cuerpo pueda absorber mejor los nutritivos vapores, es habitual desnudarse antes de comer.

No veo cráteres, son cicatrices. Es una célula de límites precisos que se desplaza hacia la derecha de mi lente. Se me escapa. Le pido al hombre de la plaza que vuelva a sintonizar, que reencuadre. Me pide otro boliviano y ya no me importa. Le doy diez. Estoy dispuesto a sacrificar a todos los bolivianos que se me crucen por una mirada más, por otra vista. Si tan sólo los tiernos de corazón hubieran escuchado a Cyrano en lugar de cegarse con el engendro de Moro. La inspiración estaba en la Luna y no en Montaigne, no en los lugares imaginarios de América. Cyrano no sólo imagina la Luna sino que llega para constatar que los nativos van tranquilos por la vida luciendo enormes penes como adorno. Yo vi como Cyrano al nativo y su pene. El Tío de la mina tenía una de las porongas más grandes que yo jamás haya visto.

El Tío de la mina es nativo.

Los nativos de la Luna, los lunáticos, se compadecen de Cyrano porque no se atreve a mostrar sus genitalia, que dan la vida, prefiriendo lucir un instrumento de la muerte. La Cruz es un instrumento de muerte. La Luna está empezando a cambiar mi perspectiva. Imagino un mundo con gente que lleva pijas colgadas del cuello en lugar de cruces y estrellas.

 

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El cura Adolfo

 

¡Qué ejemplos de progreso cívico su sistema monetario y la organización de sus guerras! La moneda de cambio son los versos. El poeta-consumidor lleva sus poemas a la Casa de la Moneda, donde un jurado tasa su valor según el mérito literario que aprecie. ¿Cuántas familias y amantes hubiera podido mantener nuestro célebre Lope de Vega con este sistema? En las guerras lunares hay árbitros que comprueban la igualdad previa a la batalla. Los ejércitos deben tener el mismo número de soldados y sólo se permite la lucha entre iguales: lisiados contra lisiados, fuertes contra fuertes, hábiles espadachines frente a reconocidos esgrimidores… Al final, se cuentan los heridos, muertos y prisioneros y, en caso de empate, la victoria de la contienda se resuelve a cara o cruz. Pero aún queda el enfrentamiento intelectual de los sabios, que vale el triple que el militar.

Al distraer el ojo del visor todo parece nublado. Un ojo me quedó en Tierra, el otro sigue en la Luna. Así, medio tuerto, meto la mano en el bolsillo para pagar lo que debo. Todo sueño en vigilia tiene un precio. En la volteada aprovecho para preguntarle al hombre del telescopio si alguna vez vio rastros de la presencia del hombre en la Luna.

“¿De qué me habla?”
“Del Hombre en la Luna. Los hombres en la Luna: Armstrong y Collins. Yo los vi por televisión.”
“Son todas mentiras de los yanquis –contesta el fulano dueño de la Luna–. Llevo más de cuarenta años mirando la Luna y puedo asegurarle que son mentiras de los americanos. Todo se filmó en un estudio de Hollywood para engrupir a la gente para que piense que ellos son mejores que nosotros.”

Pensé en preguntarle si pensaba que el Holocausto también había sido una fabricación del enemigo sionista pero el reflejo de la Luna sobre las hojas de las palmeras y la brisa primaveral me salvaron a tiempo.

“Digamé, usté que se ve que la tiene clara, ¿qué piensa de la idea de hacer de Bolivia la capital de Irán?”

Mañana por la mañana salimos para Bermejo donde empezó este viaje al interior del Interior. En Bermejo hay mosquitos que te vuelven loco y que se meten por todas partes. El viaje comenzó allí, en Bermejo, creo, de aquel otro lado del río. Después llegamos como pudimos hasta Tarija, hasta esta misma plaza de los tontos. Fue aquí en Tarija donde planeamos como pudimos un viaje a Potosí que salió mal. Quizá por eso comencé este diario diciendo que “No fue fácil llegar”. Esas fueron mis palabras. Tal vez antes de contar lo de los mosquitos upiteros cuente de cómo pasamos tres días en el desierto que fueron como cuarenta años en la vida de un esclavo egipcio; de cómo fui a pedir ayuda y caí en manos de una banda de narcotraficantes que me tuvo secuestrado hasta que los secuestradores se durmieron.

De cómo uno siempre acaba perdido en Bolivia.

 

Fotos: Montes-Bradley

26 comentarios para “Diario de Bolivia (IX)”

  1. estrella Dice:

    Para saber más sobre los hombres y los besos, ver post de Tomás Abraham de hace unos meses. (Apenas leí la primera parte, sigo en un rato…).

  2. Pablo E. Chacón Dice:

    eduardo, es fiesta de la virgen de copacabana … esta ha sido, espero siga siendo una gran crónica

  3. La mamá de Bradley Dice:

    Pablo, Cuando es crónica, no tiene arreglo. ¿No?

  4. Pablo E. Chacón Dice:

    no, señora, no tiene arreglo … pero puede publicarse. El nene sabe de eso.

  5. Pía Dice:

    Doña, ahora no se me angustie pensando en las cosas del nene que son crónicas. Es grande, y por lo que se lee, se las rebusca. Hágame caso, y como dicen los evangelistas ¡pare de sufrir! Es así de fácil…

  6. La mamá de Bradley Dice:

    Pía, Cinco mil setescientos sesenta y ocho años sufriendo y usted quiere que rompa con semejante tradición. ¿A mi edad m´hijita?

  7. estrella Dice:

    1) “Las madres son como cucarachas que se multiplican a la salida de los colegios…” está muy bueno.

    2) ¿El padre Mugica rubio y pesado como canapé de locro? Mi recuerdo es tan distinto, o mi mirada. ¿¿canapé de locro?? ¿¿¿de locro???

    Ya todos sabemos que anduviste mirando la luna con sus cicatrices, como mina pelandruna. ¿Qué es eso de la genitalia?

    Sigo leyendo…

  8. Yo Dice:

    Es verdad eso de los besos y los Te Amo. Hay tanto afecto por todos lados que ya no se si me están saludando o si me quieren coger.

  9. La mamá de Bradley Dice:

    Pior es entre los hombres que andan a los besos como si fueran todos de teatro. Un asquete. Hombres?, ¡hombres eran los de antes que te miraban y te fulminaba! Ahora mucho besito, mucho besito pero son todos medios flojitos del fuelle, ¿vistes?

  10. Pía Dice:

    Doña, no sea homofóbica, ¿quiere? Y no me venga con lo de los cinco mil y pico de años…

  11. Pablo E. Chacón Dice:

    pía … la señora por ahí está pensando como dady brieva, que putos eran los de antes …

  12. El novio de Bradley Dice:

    ¿Le queda alguna duda Pía?

  13. Pía Dice:

    ¿Sabés que tenés razón? es probable…me desconcertó que mencionara todos esos miles de años en el commnet anterior

  14. Pía Dice:

    Errata: “comment”

  15. El novio de Bradley Dice:

    “Todo comment es un posible comet” Galileo

  16. Pía Dice:

    Bueno, Bradley tiene novio. ¿quién aguanta a la doña ahora?

  17. La mamá de Bradley Dice:

    ¿Celosa chirusa?

  18. janfiloso Dice:

    a las madres no les debe disgustar tanto que sus hijos tengan novio, porque al menos no tienen la competencia de la nuera ¿ será así señora mamá de bardley ? By the way, feliz día señora ¿ qué le regaló su hijo ?

  19. La mamá de Bradley Dice:

    “Nuera” lo que yo quería para m´hijo. Quizá de allí.

    ¿Regalo? Una .38 Smith & Wesson Special. ¿Qué me habrá querido decir?

  20. janfiloso Dice:

    Nada, Señora, que parece de 38 y que es especial para él, nada mas.

  21. La mamá de Bradley Dice:

    Mirusté…

  22. Pía Dice:

    ¡Doña! ¿por qué chirusa? No estoy celosa, y si usté stá feliz con la felicidá de su retoño ( como corresponde a una madre ) me alegro mucho, no sabe cuánto. A propósito: espero haya pasado un feliz día en compañía de los suyo. Una beyesa el regalo del nene!!!!!!!

  23. La mamá de Bradley Dice:

    Salamera. Usté semestá queriendo congraciar y no se lo yecomiendo. ¿Sabecuantas se me quisieron meter en el bolsillo? Se lo digo deanti-mano: “Nose-moleste”. Mi nene está dedicado a su trabajo y no tiene tiempo para andar atendiendo caprichos. ¡Abra-c bistro!

    Atte: La Vieja

  24. Pía Dice:

    Doña, que el nene siga laburando, que le sale fenómeno. No necesito que se distraiga para atenderme. Ah! no quiero congraciarme con usted, que me cae bien, pero cuando me dice “chirusa” me angustia. Mis respetos

  25. marco Dice:

    Ta bien viejo, pero no tengo 24 años, cuando me conociste tenía 22…
    Un abrazo… No te enojes de que le digo Evo al presi… ustedes le dicen narigón al suyo…

  26. Eduardo Montes-Bradley Dice:

    Marco! Qué alegría, la seguimos en privado. Todo un placer que hayas aparecido por acá. Tengo comisión por cada cliente que aparece. EMB (Ahora camino a Chile)

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