Sobre Saint Jean David de Guillermo Piro
por Dasbald
La vida de los santos en la Edad Media inspiró una literatura tanto poética como edificadora, en la que lo poético estaba puesto al servicio de lo educativo, de cierta pedagogía catequista que intentaba ilustrar mediante la vida del santo el camino correcto y ejemplificador que esta iluminaba. Lo poético nunca podía estar por encima de lo religioso, de lo moral. Poco importaba la veracidad de dichos actos. De ahí su intrincado orden simbólico de jerarquías, presencias, declaraciones excesivas y versiones encontradas. Se tendía a la leyenda. La leyenda en este caso era más verdadera que la historia o la realidad. En el otro extremo, haciendo pie en el relato biográfico casi de la misma manera, las vidas de los más variados y destacados bandidos, ladrones y delincuentes han sido utilizadas para retratar el mundo del mal, el cual muchas veces es exaltado en su vertiginosa carrera hacia la pureza del crimen y la crueldad, con vidas y retratos que buscan la leyenda por sobre todas las cosas. Villon es el poeta de todos ellos, su Santo protector tal vez, su risa más elocuente, él mismo una leyenda que mezcla varios apodos y varias verosimilitudes. Luego de él otros vendrán que sabrán construir su hitos y extender dicha hagiografía buscando ese punto de brillo en la carrera desenfrenada hacia el encuentro con la muerte de los santos del mal. Rubias seducidas en alta mar, marineros o prisioneros de los que el malhechor se enamora desde la lejanía, cámaras lentas mostrándonos un choque entre pandillas en el que el héroe conseguirá la marca que lo hará distintivo, crueldad entomológica bajo la luz de un farol a gas, pasos de baile sobre el asfalto húmedo cubierto por la niebla, corridas por la entrañas de la ciudad, ascensos vertiginosos a cúpulas góticas. Y están los piratas. Agentes del mal y de la corona. Luz artificial que es como la luna reflejo de otra luz, pero también luz del sol que surca el mar a la velocidad de un sueño. Vida cenital y vida barroca la de los piratas. Tal vez sea el relato sobre la vida de los piratas el que mejor ha sabido conjugar todos estos elementos de los que estamos hablando: la búsqueda de la pureza absoluta del mal que desemboca en la santidad como su fin. El pirata es quien ha sabido correr de un extremo al otro, dada su situación política tan ambigua y su astucia burlona. Es el gran santo del mal.

Hay en el último libro de Guillermo Piro un intento de contar mediante un largo poema la vida de un pirata al que este ha dado en nombrar Saint Jean David y que los registros gubernamentales dieron en llamar Jean David Nau, y la leyenda François l’Ollonais. Nada mal para quien pretende conjugar múltiples identidades, múltiples perspectivas, múltiples voces que buscan dar sentido a la más fatal de las empresas: el apostolado del mal. Y Guillermo piro se propone rescatar a este personaje y relatar una vida.
Por lo pronto tenemos a Piro que llama a Jean David Nau, Saint, Santo. Entramos rápidamente en el campo de la leyenda. Sin preámbulos. Sin justificaciones. Luego, cada uno de los pasos de la cruel vida de l’Ollonais, serán los encargados de demostrarnos, elevándonos, que el mal puede con su propia gravedad, al hundirse aun más en ella, llevarnos hacia el momento culminante de este pirata devenido Santo, que en su muerte va a concordar con su manera de vivir, convirtiéndose así no sólo en un Santo, sino en un Mártir al servicio del destino del mal, ya que será él mismo quien, mediante los artificios del destino, ponga a su cuerpo como ofrenda a la leyenda. Dice Piro en el final del poema: “Cierto día/ en un rapto de/ exaltación/ Jean David Nau clavó su/ cuchillo en el pecho de un/ prisionero/ sacándole el corazón/ y devorándolo/ con sus propios dientes./ Por un curioso vuelco del/ destino su fin será tan cruel/ como su vida./ Los indios de Derien lo hicieron/ prisionero/ descuartizándolo vivo/ para asarlo a fuego lento/ y comérselo/ con igual lentitud.” Ágape pagano en el que el cuerpo del mal sólo podrá resucitar como leyenda. Como poema en este caso.
Pero antes de esto Piro nos narra detalladamente varios momentos de la vida del devenir Santo. Relato que nunca busca el efecto metafórico excesivo, ni la conjunción de palabras extrañas, y mucho menos la reconstrucción histórica con su color sobrecargado. Tenemos el esqueleto del mal, casi el esqueleto de un poema, y tenemos la vida de Jean David Nau en su peregrinación por el mal. Tal vez el único exceso lírico de Piro esté dado por la canonización del pirata en el título. El resto es tan sólo una enumeración prosaica, que a veces se desvía para extraer un ejemplo de algún momento de crueldad en una batalla o del festejo tras una rapiña exitosa, aunque abandona dichas escenas rápidamente, hacia adelante, hacia el fin, alejándose de cualquier detalle que pueda volverse demasiado preciosista. Tanta es la necesidad de huir de lo colorido, de la retórica, que cuando uno termina este breve libro, este largo poema, nada resalta en soledad, o tan sólo la muerte del Santo. Nos parece que hemos dejado atrás algo compacto y opaco que por momentos tuvimos frente a nuestros ojos y que ahora se sumerge rápidamente en el olvido. Poema tramposo este de Piro, que intenta brillar sin estridencias, pero que al ingresar en el silencio, comienza a extraer de este su sedimentación: capa tras capa de silencio le otorgan una nueva vida y música al poema que en un principio parecía no querer ostentar, volviéndolo parte de otra realidad que acecha desde su frialdad, desde su crueldad diferida. El momento que más recuerdo, el mejor ejemplo, es el momento en el que se describe un poder del Santo capaz de convocar sus poderes contra la naturaleza, produciendo así uno de los milagros por los que se lo recordará siempre, tanto al Santo como a estos versos de perfección minimalista: Sus ojos adquirieron/ prestigio como si ellos/ produjesen el bramar/ del viento o el chocar/ de la olas, o como si de ellos/ Manaran los injustos/ elementos creadores/ de una sinfonía moral/ y tempestuosa.
Conjurar el pasado, convertirlo en leyenda, mantener la épica del mal dentro de un poema no son tareas menores. Ahora nos queda a nosotros la tarea de mirar hacia el infierno como se mira hacia el cielo.
Foto: Flavia de la Fuente
Julio 31, 2007 a las 12:37 pm |
No leí este texto pero el tuyo es sublime; muchas felicitaciones.
Ayer con Pablo (Guadalquivir) comentamos tus increíbles traducciones.
Julio 31, 2007 a las 12:54 pm |
gracias juan.
Julio 31, 2007 a las 1:13 pm |
Muy bueno, Dasbald. Sigo tras tus pasos.
Julio 31, 2007 a las 2:37 pm |
Uno se “desliza” por el relato de dasbald de una forma tal, que tiene que ser lo mas parecido a un texto bien escrito que uno pueda imaginarse o tomar como ideal o referencia.
Agosto 2, 2007 a las 12:09 am |
Clap, clap, clap, Dasbald (no sé que estás tomando, pero te pega bárbaro)