Llegada y primeras desilusiones
por Alvaro Arroba
Queridos Q y F:
Todavía venís, aunque en fuera de campo. Al final del primer día en el segundo Festival de Cannes sin vuestra compañía, los amigos os recordamos en las charlas de pasillo y sobremesa con sonrisas melancólicas. Por ejemplo esta mañana algún centroeuropeo pronunció el mantra clásico de Q, ese de después de la película de inauguración con un vaso de café ardiendo en las manos: “–this will be the worst Cannes ever”. Había razones para el cataclismo en la evocación, y es que la proyección de My Blueberry Nights, la película americana de Wong Kar-wai, quizá signifique algo más que su segunda decepción consecutiva. En la mente de algunos apocalípticos a los que horas antes de tomar el avión se nos heló la sangre con el nuevo trailer de Hou Hsiao-hsien que proyectan para abrir “Un Certain Regard” parece representar un cierto ocaso de los superautores de la pasada década (rebajemos las alarmas y mejor dejémoslo por el momento en período de secuestro occidental poco inspirado). Ojala que HHH me desmienta mañana, me congenie con la binocha (¡ahora en versión rubia!) y quizá hasta con el film insustancial de Albert Lamorisse al que parece rendir homenaje (esto último es lo más difícil).

Me gusta que la iconografía de los espacios hollywoodenses atraiga a cineastas extranjeros que sientan la necesidad de filmarla a su manera, sobre todo si andan asfixiados en el aire viciado de su mundo estanco. En cierto modo el cambio de paisaje e idioma les sirve para renovar ideas; rodar en el país sin historia por excelencia equivale a un sano reseteado, a la construcción de un sistema cinematográfico renovado, a una nueva civilización de los imaginarios. Sin embargo Wong Kar-wai viaja a EE.UU. para encerrarse en dos bares (uno en Nueva York y otro en Memphis) y en un casino de Las Vegas (que le presta para sobrarse con sus juegos lumínicos y cromáticos), ni rastro de la ciudad que los rodea –salvo unos minutos de carretera a la manera de los últimos anuncios de coches BMW. Wong se ha marcado la chulería padre al imponer Hong-Kong sobre las ficciones propias del nuevo mundo, lo único que tiene de americana My Blueberry Nights es el star system y el idioma (cualquiera sospecharía el proyecto como una maniobra comercial). Así que el periplo americano no ha cambiado nada a su conductor de gafas ahumadas. En realidad Wong (con Doyle en Chungking Express) ya había hecho, y con bastante más gracia y velocidad, la primera mitad de MBN en la que Jude Law, un camarero de Manchester en el bar neoyorquino conoce a los clientes por sus elecciones del menú más que por sus nombres; en la otra mitad la cantante Norah Jones interpreta a una neoyorquina despechada que decide viajar a Memphis para olvidar, entonces escribe a Law (cuyo bar visitaba por circunstancias muy wongkarwaianas que no vienen al caso) postales ora atribuladas, ora apasionadas. Son dos personajes de una positividad que atraganta, miran a las penas en alma con más compresión y santidad que los ángeles de Wenders ¿dónde está el misterio? ¿Por qué esas caras de cordero?
Esta noche, durante una cena con germanos conversaba con Cristina Nord sobre la acuciante necesidad de aislar la razón por la cual algunos cineastas nos gustan cuando varían mínimamente sobre sus mismos temas y otros nos saturan por lo mismo. La razón del empacho de WKW la conceptualizan perfectamente esos planos insertos de tartas bañadas en helado derretido. Se recrea en sus logros estéticos aristocráticamente, son los mismos neones y desenfoques de siempre, pero ahora los baña en luz de oro. Hay un plano preocupante que ejemplifica estos síntomas de indigestión de sí mismo: cuando un personaje muere en un accidente de tráfico Wong se recrea en los cristales rotos del parabrisas iluminándolos como diamantes, el embellecimiento a cualquier costa. Ni siquiera Wong se muestra especialmente creativo en las elecciones musicales: Wilson Pickett, Cat Power (Chan Marshall hace un cameo de novia fantasma) y una versión del leitmotiv de In the Mood for Love interpretado con armónica por Ry Cooder un poco sosa.
A la salida de My Blueberry Nights apenas me encontré con “viudas” (como les dice Q) de Wong Kar-wai (algunos le llamamos “Juancar” para que nuestras novias y amigos no cinéfilos le sitúen al instante). A casi nadie de los habituales en los pasillos les ha gustado. Peranson y Hubert se metían los dedos en la boca con una mueca vomitiva, Nord es más delicada y se despacha sobre el film con poco entusiasmo y en alemán en la crónica de su diario; ni siquiera me creí demasiado a Heredero (el mayor juancarlista –no monárquico– de España y responsable de los Cahiers du cinéma nacionales) cuando me dijo poco entusiasmado que le gustaba. Jean-Michel Frodon le pone tres estrellas sobre cuatro en el poll de Le Film Français y alguien ha escuchado a Michel Ciment declararla “mejor película de Wong Kar-wai”). Comparto la idea de Félix de Azúa (el gran profesor de estética de Barcelona enamorado de In the Mood for Love) según la cual 2046 es tan mala que bombardea retrospectivamente la obra anterior de WKW. MBN camina sobre seguro y es tan académica de sí misma que fuerza a reconsiderar 2046 como un objeto fallido y obsesivo, pero arriesgado, de escritura automática.
La película rumana, 4 months, 3 weeks, and 2 days de Cristian Mungiu es en realidad el típico monstruito del world cinema creado por el festival. Realizado con la plantilla de la academia se trata de un golazo colado entre las piernas de Thierry Frémaux. El título se refiere al tiempo transcurrido desde que una joven se queda embarazada hasta que después de muchas tribulaciones y duelos burocráticos consigue abortar clandestinamente en los últimos años de la tiranía de Ceaucescu. Una repetición de la fórmula “Lazarescu” para entrar a la competición, Mungiu rellenó con astucia el application form que Cannes espera hoy de una película de Rumania, es decir, en cierto modo el jurado de Quintín que premió con clarividencia el extraordinario film de Christi Puiu tiene culpa indirecta de que hoy este remedo quejumbroso esté aquí: una ficción médica de secuencias muy dilatadas. Sin el rigor concienzudo ni los bancos de oxígeno entre el aire viciado de Lazarescu, ni mucho menos su retorcido sentido del humor. El tercer mundo cinematográfico se le atreve a Cannes que se deja engañar gustosamente. Como decía Francisco Ferreira a la salida: “¿qué nos quiere decir esta película? Mira cómo sufro. Pues bueno, eso pasa en todas las partes del mundo y no se quejan”. Apoyo la moción. Si hace unos años el cine iraní (y algún chino listillo como Zhang Yimou) encontró la veta de su éxito internacional encomendándolo a la búsqueda de algo que el protagonista había perdido y necesitaba bajo la fórmula “¿Dónde está X…?” (engendrada por Abbas Kiarostami), en Rumania nos invitan a presenciar muertes en una especie de tiempo real. Que no dure.
Se me olvidaba, la imagen más emocionante proyectada el primer día en pantalla grande la hemos visto sentados en la Debussy durante la espera de la película rumana (los espectadores de las proyecciones de las salas Lumière y Debussy son amenizados con la entrada de las estrellas en directo por la alfombra roja). En un momento dado apareció un Manoel de Oliveira casi saltarín subiendo la alfombra con la sola ayuda de su bastón. Parte de la audiencia estallamos en aplausos. Entonces un colega me dijo: “Es impresionante, este año ya cumple 100 años”. A lo que yo le respondí que tenía entendido que más bien 98. A lo que el mi acompañante reveló: “No, en realidad tiene 100, lo que pasa es que hace veinte años le quisieron hacer un homenaje por su 80 aniversario en un festival y como a don Manoel no le apetecía, se quitó dos años oficialmente y dijo a todo el mundo que tenía 78″. Print the legend.
Mañana: “2º día. Falsa alarma, HHH es casi un diez. Los rusos tarkos”.
Foto: Flavia de la Fuente
Mayo 19, 2007 a las 3:50 pm
Excelente, Arroba. Espero con ansias más correspondencia de su parte desde allá, porque lo que conseguí (Batlle en otros cines) es tan insípido que genera irritación.
Mayo 19, 2007 a las 4:14 pm
El film de Mungiu dice algo mas atroz que “mira como sufro”. Muestra a un feto de 4 meses depositado en el suelo, mientras que la agonia dura toda la pelicula para terminar con un plano de la rubia mirando a camara, la “complice” de la pelicula, diciendo vaya saber que sobre el aborto. (No tengo acentos). Esta no es la pelicula de Mike Leigh sobre el tema, cuya lectura politica es precisa y sin ambiguedades. Cuando el aborto pasa por el ojo moral es dificil que no surga desde alli una moralina sospechosa. Quise saludar a Arroba en la funcion de Water Lilies, film que a mi me gusto, pero la cara de culo con la que me miraron los 2 tipos que estaban sentados junto a mi me hizo postergar el saludo. Lo saludo desde aca. Y si, la de Hou es una masa, porque el tipo filma con estilo pero sin manierismos, y por que entiende perfectamente los vinculos transgeneracionales como lugares de encuentros novedosos, y porque ademas se pemite pensar como se hace cine en esta decada. Y ya tuve mi primer discusion “cultural” con la gente para la que trabajo que, segun ellos, no es del gusto aleman una pelicula como la de Hou.
Mayo 19, 2007 a las 7:54 pm
¡Qué momento grosso el de Oliveira! Nosotros vamos a aplaudir otra vez a China Zorrilla en los Martín Fierro, los Clarín y los Olympia, por las dudas.
Mayo 19, 2007 a las 7:55 pm
Buenas noticias sobre Hou:
http://www.servicioshf.com/fotogramas/festivales/2007/05/18/viva-la-segunda-division/
Mayo 20, 2007 a las 12:39 pm
Gracias por la crónica, se agradece poder tener noticias de primera mano.
[Es curioso, la crónica parece inspirada por el temporal de lluvias que sufrimos en el valle de olid y el reino]
Bueno que no decaiga, por cierto si fuera posible alguna fotica …
Mayo 22, 2007 a las 10:55 am
Queremos más!
Mayo 23, 2007 a las 6:30 pm
He mandado otro informe, perdonad la espera, es que esto es un ritmo que revienta y no puedo ver 5 o 6 pelís al día y escribir… aunque hay gente que lo hace, (Q) craneos privilegiados!
Pero a lo que iba, si tenéis curiosidad por las calicaciones de la prensa francesa mirad:
http://cannes.lefilmfrancais.com/?page_id=12
Frodon está como acobardado (3 estrellas a Wang Bing? y una palma a la rumana!!), Kaganski cada vez más ensimismado, apoyando cosas indefendibles como Honoré (que este año pasé directamente de ver), errores históricos de la redacción de Lesinrocks que se empeñan en agrandar como bolas de nieve, y le da dos a GvS. En fin.
Marzo 31, 2008 a las 2:38 pm
tus comenatarios serían graciosos si no fuesen totalmente absurdos, sólo alguien sin corazón, alguien con venda en los ojos puede llamar insustancial a Lamorisse y su globo rojo, sólo alguien que no sepa ver más allá de sus narices puede no darse cuenta de lo gran película que es 4 meses, 3 semanas y 2 días, sólo un chupatintas puede no ver que hay más allá de 2046…, y me callo lo que pienso sobre tu memo comentario sobre Kiarostami, llegué aquí por azar, pero no pude morder mi lengua ante tus simplezas.