Puro verso

By lalectoraprovisoria

Gombrowicz y los poetas

Por Flavia de la Fuente

Hoy me topé con un librito, creo que el más chico y flaco que hay en mi casa. Dado que me sentía cansada (creo que un poco aplastada por tantos rinocerontes) y tenía poco tiempo para leer (era mi lectura para el tiempo que dura la ducha de Q), lo agarré y miré de quién era. Ah, un texto de Gombrowicz, pensé entusiasmada. Se llama Contra los poetas (Ed. Mate, 2004) ¡Contra los poetas! ¡Qué bueno, vamos a leerlo! Se trata de una conferencia cuyo comienzo reproduzco a continuación. El que no lo tenga, corra a comprárselo que es una maravilla.

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Sería más razonable de mi parte no meterme en temas drásticos porque me encuentro en desventaja. Soy un forastero totalmente desconocido, carezco de autoridad y mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar. No puedo hacer frases potentes ni ágiles, ni distinguidas, ni finas, pero ¿quién sabe si esta dieta obligatoria no resultará buena para la salud? A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces. Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, sobre, por ejemplo, las rutas de la poesía moderna, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental.

No cabe duda de que la tesis de esta nota: que los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de la poesía versificada es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y sin embargo confieso que los versos no me gustan hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas, ni tampoco me falta sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoiesvski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguante mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama “pura” y, sobre todo cuando aparece versificada. Me cansa el canto monótono de estos versos, siempre elevado, me adormecen el ritmo y la rima, me extraña dentro del vocabulario poético cierta “pobreza dentro de la nobleza” (rosas, amor, noche, lirios), y a veces sospecho que todo este modo de expresión y todo el grupo que a él se dedican padecen de un defecto básico.

En la última página del diminuto libro me encontré con un epílogo desopilante:

Se cuenta que al concluir la disertación frente a un nutrido público, que incluía mayoría de poetas, uno de ellos se levantó y recitó a viva voz, un poema. Al concluir éste, Gombrowicz agregó: —Gracias por ilustrar esta conferencia—, y se retiró.

Divertida por el texto, descubrí que en Diario (1953-1969), editado por Seix Barral, hay un anexo que contiene otro artículo llamado “Contra los poetas” que resultó ser una reescritura de la conferencia. Me pareció que esta versión tiene menos fuerza, menos frescura. Pero como bonus track, acá van unas citas más contra los poetas, tomadas del Diario.

¿Es que los poetas no crean para los poetas? ¿Es que no buscan únicamente a sus fieles, es decir, a hombres iguales a ellos?

He realizado los siguientes experimentos: combinaba frases sueltas o fragmentos de frases, construyendo un poema absurdo, y lo leía ante un grupo de fieles admiradores como una nueva obra del vate, suscitando el arrobamiento general de dichos admiradores; o bien me ponía a interrogarles detalladamente sobre este o aquel poema, pudiendo constatar que los “admiradores” ni siquiera lo habían leído entero. ¿Cómo es eso? ¿Admirar tanto sin siquiera leerlo hasta el final? ¿Deleitarse tanto con la “precisión matemática” de la palabra poética y no percatarse de que esta precisión está puesta radicalmente patas para arriba?(…)

¿Por qué no me gusta la poesía pura? ¿Por qué? ¿No será por las mismas razones por las que no me gusta el azúcar en estado puro? El azúcar sirve para endulzar el café y no para comerlo a cucharadas de un plato como natillas. En la poesía pura, versificada, el exceso cansa: el exceso de palabras poéticas, el exceso de metáforas, el exceso de sublimación, el exceso, por fin, de la condensación y de la depuración de todo elemento poético, lo cual hace que los versos se parezcan a un producto químico.

Al terminar la lectura del artículo, me encuentro con las palabras preliminares del Diario. Dice Gombrowicz:

Es una escritura bastante desordenada, hecha de un mes para otro; seguramente me repito o me contradigo más de una vez. ¿Qué hacer? ¿Ordenarlo? ¿Pulirlo? Prefiero que no quede demasiado relamido.

No pude evitar pensar en LLP, en su escritura constante e inmediata. (Salvando las distancias).

Foto: Flavia de la Fuente

8 comentarios para “Puro verso”

  1. maiakovski Dice:

    Ah, el librito de Gombrowucz es genial.

  2. liv Dice:

    Es genial pero no le hacen mucho caso, emprender con alegría una dieta voluntaria y dejar de retorcer y exprimir esos medios debe ser dificilísimo.

  3. EL SALMON Dice:

    “Me sentia tan fuerte que por primera vez en la vida comprendi la fuerza
    que hubiese tenido de haber llegado a creer en mi”

    Witold Gombrowicz, Diario argentino

    Vasos y besos

    El salmon

  4. tomás abraham Dice:

    claro que es una maravilla. que se tome otra ducha el man.

  5. Pablo E. Chacón Dice:

    ¿Es man o es woman, Tom?
    Es una pregunta de Corman McCarthy.

  6. Victoria Dice:

    Te agradezco, Flavia, este post, y extiendo el agradecimiento a todos ustedes por el blog entero, porque sin quererlo ni buscarlo sino que así -por sorpresa- me cautivaron. Me gusta el blog, el estilo, la forma, el tono, me gusta, me gusta mucho. Destacan algo noble, un fresco interés y un compromiso con la palabra, con las ideas, con la opinión y con el gusto. Lo que es realmente fantástico.

    A propósito de Gombrowicz: me fascina la poesía “pura”, me fascina la métrica, con sus rimas y ritmos y todas esas cosas que aún no logro bien descifrar -o aprender-, y en nada altera, sin embargo, el placer que me da leer a este hombre abuchando contra todo ese mundo de azúcar sin tregua. Tal vez haya pocas cosas mejores que quedar captados por un razonamiento que, aunque contrario, logra encantarnos y ya no importa nada más que él mismo, con sus argumentaciones y su ajenísimo y fabuloso punto de vista.

  7. Pablo E. Chacón Dice:

    “Caminaba por una polvorienta y monótona senda que atravesaba un paisaje con prados y colinas. De repente se deslizó a mi lado una espléndida culebra con manchas sobre su piel de color gris metálico y azul cardo, y aunque sentí que se trataba de una pieza única, dejé que desapareciera en la espesura de la hierba. El encuentro se repitió, pero las serpientes eran cada vez menos brillantes, vistosas y coloridas; las {ultimas yacían incluso uertas sobre el camino y ya totalmente cubiertas de polvo. Poco después encontré un fajo de billetes esparcidos en un charco. Los recogí cuidadosamente uno a uno, les quité el barro y me los guardé en el bolsillo”.

    Ernst Junger, “El corazón aventurero”.

  8. blojer Dice:

    Perseverancia

    «¿Por qué no me gusta la poesía pura? ¿Por qué? ¿No será por las mismas razones por las que no me gusta el azúcar en estado puro? El azúcar sirve para endulzar el café, y no para comerlo a cucharadas

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